Pilar Garrido: “Alfonso X es una figura de inflexión, que pone luz a toda la Edad Media”

La próxima sesión del ciclo ‘Historias y el Mediterráneo’ se detiene en la figura de Alfonso X El Sabio y su relación con el Mediterráneo. La conferencia tendrá lugar el jueves 17 de noviembre a las 19 h. en Casa Mediterráneo a cargo de Pilar Garrido, profesora del Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Murcia. El evento, de entrada libre hasta completar aforo, se retransmitirá también en streaming a través del canal de YouTube de la institución.

Pilar Garrido es doctora en Filología Árabe por la Universidad de Salamanca. Actualmente ejerce como profesora titular del Área de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Murcia. Ha trabajado como docente en la Universidad Federal de Juiz de Fora (Brasil), en la Universidad de Yarmuk (Jordania), en la Universidad Muhammad V de Rabat (Marruecos) y en la Universidad de Sevilla (Ohio, EEUU). Ha desarrollado cursos, seminarios y conferencias en Alemania, Inglaterra, Francia, Bulgaria. Yemen, Brasil, Estados Unidos, Líbano, Jordania, Turquía, Argelia… y ha dirigido varios congresos internacionales.

El año pasado se cumplió el octavo centenario del nacimiento de Alfonso El Sabio, monarca que dejó una honda huella en España, con un enorme legado en campos tan amplios como la historia, la lengua, la poesía, las leyes, las artes o la astronomía. La especial relación del monarca con el Mediterráneo será abordada por Pilar Garrido en este encuentro.

El rey Alfonso X desempeñó un importante papel en la historia de España por su enorme legado en numerosos campos de la cultura y la ciencia. ¿Cuál fue su influencia específica en la provincia de Alicante y en la zona del Mediterráneo español?

Efectivamente, el rey Alfonso X El Sabio desempeñó una función muy importante –y esta es una cuestión que queremos desvelar en esta charla- por la riqueza intelectual que fue capaz de desarrollar. Para llegar a las cuestiones concretas, como Alicante o el reino de Murcia, creo que deberíamos comenzar por lo más revelador y es que la ciencia avanza y tenemos otras perspectivas para adentrarnos en la figura de Alfonso X. Es muy importante que nos situemos desde esas verdades a medias que nos han ido contando a lo largo de muchos años de historia, en los colegios, en las universidades y en las noticias. Nada es ni sí, ni no, sino que hay muchísimas cuestiones entrelazadas y una de ellas, muy importante, que tiene que ver con Alicante, es dónde empezó a gestar todo su gobierno Alfonso X. Ya su padre había iniciado el mismo recorrido, pero debemos tener en cuenta que veníamos de siglos de un gobierno islámico, de al-Andalus, que fue –y me gustaría que compartiésemos esa idea que no deja de ser osada- el primer renacimiento europeo.

Todo ese sustrato, tanto de juegos, que no dejan de ser importantes, de jurisprudencia, de las traducciones… todas las ramas del saber que ya estaban desarrollándose en al-Andalus, pasó a Alfonso X. Desde allí, Alicante tenía una posición importante. Había sido una de las partes de este Xarq al-Andalus [las tierras orientales de al-Andalus] inminente, con lo cual, en esta sesión sobre todo me gustaría que supiésemos que esa idea peninsular que hemos gestado como al-Andalus es muy importante, porque de alguna manera se articula todo el conocimiento universal a partir, precisamente, de este al-Andalus que exporta. Nosotros, sin embargo, estamos muy acostumbrados a imaginarnos una Edad Media con castillos, leyendas de trovadores, de justas… hasta de dragones, lo que realmente no tiene nada que ver con nuestra Edad Media, con construcciones como la Alhambra de Granada o la Mezquita de Córdoba. Alfonso X tuvo esa capacidad de visionario y, a la vez, fue un hombre que desde su ideología y su fe en el cristianismo, en el comienzo de su reinado fue capaz de atesorar, de reconocer y hacer ese compendio en todas las demás cuestiones del conocimiento del mundo. De hecho, no sólo fue un intelectual racionalista, sino que también dio cabida a todos los aspectos perceptivos que se daban en la filosofía, en ese legado andalusí que fue diseminando.

Además de en esta primera Edad Media europea, de la que bebe muchísimo todo el Renacimiento posterior que nos vienen transmitiendo como primer Renacimiento, me gustaría incidir en cuestiones que están relacionadas con lo mediterráneo y con el Islam, porque hay muchos temas que sacó a la luz Alfonso X, desde la música, los juegos, todo lo relacionado con el Concejo de la Mesta, las partidas, la parte de jurisprudencia… Me gustaría hablar de cosas muy puntuales y una de ellas sería cómo ese comienzo de la cora de Tudmir en el reino de la zona de Alicante, Murcia y Orihuela desembocó en una escuela de educación superior que lideró un musulmán y fue subvencionada por Alfonso X, quien mandó a su sobrino don Juan Manuel a que la desarrollase.

También me gustaría que fuésemos conscientes de que desde nuestro Alfonso X El Sabio hemos acunado todos esos libros que, a su vez, no sólo es que se hayan traducido y hayan dado acceso a los campos de la zoología, cartografía, matemáticas…, sino que además se comentaban desde la Escuela de Traductores –de la que se han contado verdades a medias-. No era un lugar específico, sino que se trataba de toda una estrategia de traducción. Muchos estaban en sus casas diseminados, de distintas lenguas, etnias, conocimientos… Y esa idiosincrasia del conocimiento universal creo que es fundamental para comprender no sólo el Mediterráneo, sino también ese pensamiento mundial que hemos ido desarrollando después, pero teniendo claro que hay unas fuentes de las que hemos bebido. Siempre es positivo porque consiste en construir a las civilizaciones de continuidad y el reconocimiento a esos sustratos creo que sólo nos sirve para salir ganando. Es lo que hizo Alfonso X. Para comprender más Alicante, más el Mediterráneo, es precio seguir esa estela de lo que llevó a cabo, y además con esa capacidad de integrar su ideología, su ambición de llegar a ser emperador, su fe cristiana con toda su efervescencia y el reconocimiento a las demás etnias, las demás maneras de acceder a la sabiduría y al conocimiento. Creo realmente que es una figura clave para esa intersección integradora, positiva e inclusiva.

Alicante y Cartagena recibieron privilegios por parte de Alfonso X al tratarse de metrópolis con puerto de mar, con franqueza marítima. Los pobladores de Alicante obtuvieron exenciones en el pago de impuestos de caza y pesca. ¿Qué pretendía el monarca con estas medidas?

Cómo articula su estrategia política es muy interesante porque, precisamente, él tenía en el foco de sus planteamientos favorecer y otorgar ciertos privilegios y pactos –que eran la dinámica anterior de los andalusíes-, de manera que tenía ya adeptos, personas que estaban a favor de, por una parte, su propia política en sí y, por otra parte, de esa ambición que tuvo durante toda su vida de llegar a ser emperador. Iba articulando su modus operandi de una manera muy inteligente. Por supuesto, no siempre se llega a alcanzar los cometidos que uno se marca de una manera plena, pero sí tenía esa dinámica de que cuando quería conseguir que las poblaciones estuvieran a favor de su estrategia política y sus propias directrices, las favorecía y más en especial en los lugares que sabía que eran estratégicamente importantes. Por supuesto, toda la parte de comercio, de marina, era esencial. En todas las épocas, pero en esa más.

¿Cómo hizo frente a la rebelión mudéjar de 1264?

La rebelión mudéjar que se produce con las poblaciones del reino de Murcia, Lorca, Cartagena, Mula… venía de una época en la que quedaba gente de otras procedencias en los mismos territorios y él tenía que seguir amainando a los mudéjares, los moriscos, etc. Tenía que seguir templando a las distintas poblaciones cristianizadas, por eso tenía además un cometido muy importante en toda su obra, que era que se tradujese al castellano, no al latín, porque era una manera también de aglutinar su reinado, de hacerse seguidores, gente que lo favoreciese en su ambición de poder. Si el castellano era la lengua que hiciese ese consorcio entre todos, tenía a ese colectivo bajo su poder y seguimiento.

[su_animate][su_quote]Alfonso X jugó una labor muy importante con la Escuela de Traductores desplegada por toda la península, cuya encomienda era, insistentemente, que todo lo que se comentase, se tradujese y se estudiara se vertiera al castellano.[/su_quote][/su_animate]

De hecho, se considera que la lengua castellana fue normalizada en el siglo XIII, y Alfonso X desempeñó un papel fundamental en ello.

Sí, su empeño precisamente era ese, que todas las traducciones que se hicieran del arameo, del árabe en especial, del latín, del griego… no sólo fueran al árabe y al latín, sino también al castellano. Tenía ese empeño de hacer el castellano la lengua de su imperio. Y, de hecho, la lengua que él manejaba, porque llegó a vivir en el norte, cuando escribió parte de las Cantigas, era el gallego, lo que me parece anecdóticamente curioso. Es bonito pensar que su propia lengua, que consideraba materna, es ese intermedio entre el latín y el castellano.

Efectivamente, Alfonso X jugó una labor muy importante con la Escuela de Traductores desplegada por toda la península, cuya encomienda era, insistentemente, que todo lo que se comentase, se tradujese y se estudiara se vertiera al castellano. Y esa labor la llevó a cabo él y fue tan fructífera porque tenía una ingente labor intelectual y de traducción. De no haber sido así, imponer la exigencia del castellano tal vez no hubiese cuajado de la misma manera, a base de obligaciones.

En el legado que Alfonso X dejó a lo largo de la historia, ¿qué importancia tuvo la formación que recibió durante su infancia y juventud?

Su padre ya realizaba esa labor inclusiva en cuanto a ser consciente de la mezcolanza, el mestizaje de tradiciones y de poblaciones que había en la península y venía de al-Andalus. Alfonso X tuvo acceso a grandes maestros en todas las materias y desde muy jovencito se le identificó por esa inquietud y curiosidad de carácter. Continuó luego su manera de gobernar respetando otras religiones -tenía intelectuales musulmanes y judíos-, pero en realidad lo que quería era que la gente se convirtiera al cristianismo, era su labor como rey. También se le achaca que todo lo hiciera por sus ansias de llegar a ser emperador, pero una cosa no anula a la otra; todo era conciliable y fue maravillosa la manera de perseguir una ambición. Hay testimonios de otros monarcas que explican el hecho de que no llegara a convertirse en emperador por su excesiva dedicación a los libros, porque se dedicaba mucho al estudio y a propiciar y estimular el movimiento intelectual. Se le llegó incluso a reprochar, ¡fíjate qué curioso!

Tuvo acceso, primero a grandes maestros para formarse, pero tenía inquietud personal, que es muy importante, así como la actitud de la personalidad del estilo de cómo gobernaba su padre. Ya venía él acogiendo todo este tipo de iniciativas como buscador de intelectuales, etc. No obstante, tampoco debemos mitificar de una manera global. Claro que quería ser emperador y era un rey, era cristiano y estaba cristianizando. Parte de la idiosincrasia de cada momento y de los gobernantes de su época. Las cosas son mucho más sutiles, hay muchas especificidades y encuentros paradójicos, aparentemente, pero haber sabido hacer ese entramado supone una gran labor, como estrategia política para llevar a cabo su reinado. De hecho, una de las primeras misiones de Alfonso X, que le encargaron de joven, que le hicieron madurar luego como rey, fue que le mandaron precisamente a Murcia, a esta parte del Levante a expulsar a los musulmanes que quedaban, antes además de reinar. Luego vendría a la Fortaleza de Monteagudo… ha tenido mucha vinculación con toda la parte levantina. De hecho, quería ser enterrado en Murcia, una muestra de su vocación mediterránea.

La Comisión de Pueblos y Ciudades para Promover la Vida y Reinado de Alfonso X, con ocasión del octavo centenario de su nacimiento, creada por la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), ha puesto en marcha numerosas actividades por el país. ¿Cree que su figura, con todo lo que aportó a España, es lo suficientemente conocida en toda su amplitud?

Efectivamente, ha habido un movimiento espectacular. Llevo todo el año ofreciendo conferencias sobre Alfonso X. Estuve el otro día en el Museo de Santa Cruz, un lugar precioso en Toledo, en un acto liderado por el Ayuntamiento de la localidad y el Ateneo. Hicimos un amplio despliegue de juegos, una guía bibliográfica divulgativa de Alfonso X, charlas, conciertos de música de su época… desde reproducción de la parte musical hasta cuestiones de derecho, las partidas. También se ha tratado el aspecto lúdico, se han hecho campeonatos de ajedrez a partir de la explicación de qué suponía este juego para Alfonso X, cómo unificó las normas… Se han realizado muchísimas actividades. Ha estado muy bien, no sólo para seguir siendo conocedores de esa gran figura, sino también, lo que decíamos al principio, para ir desentrañando falacias históricas. Hay muchas facetas de Alfonso X que, o no se han tratado, o se han tratado de una manera muy determinista, sin ser conscientes de que el prisma era más amplio. Hay una enjundia que había que sacar a la luz, porque además reconocer ciertas influencias o matices o incluso desvelar algunas cuestiones quizás más arduas no es malo, todo eso nos lleva hacia caminos científicos, a seguir investigando.

Cada vez se están reconociendo más influencias de todo lo islámico, cada vez se tiende a ver a ese Alfonso X mediterráneo, no tan norteño peninsular… Todas estas cuestiones van asentándose poco a poco. Su figura, de hecho, aparece reconocida en muchos lugares del mundo, como en Estados Unidos [hay un busto de él en el Capitolio], algo de lo que no somos muy conscientes. Como la Edad Media era una época intermedia, que nunca se ha explicado de una manera muy luminosa, creo que es muy determinante que sigamos abriendo esa caja de pandora de la gran figura de Alfonso X, lo que supone compartir la sabiduría, emulando al sabio. A partir de él se derivan muchas cuestiones. Alfonso X, de alguna manera, es una figura de inflexión, que pone luz a toda esa Edad Media y sigue nutriendo a todo lo que viene después en la península.