‘Sólo nos queda bailar’: Arte contra intolerancia

Éste es un comentario previo y guía de visionado a la sesión de debate del cine-club online de Casa Mediterráneo que sobre este film que se emitirá el lunes 27 de diciembre de 2021 a las 19 horas por las redes sociales y canal de Youtube de Casa Mediterráneo.

Por Luis López Belda.

Este film se estrenó en la capital de Georgia, Tiflis​ (en georgiano თბილისი Tbilisi), bajo protección policial. Durante el estreno de la nueva película del sueco-georgiano Levan Akin, manifestantes homofóbicos hirieron a dos agentes del orden. Difícilmente se puede imaginar una mejor publicidad (involuntaria, como siempre ocurre en estos casos donde los intolerantes acaban generando el efecto contrario al que esperaban) para este drama con baile sobre un amor homosexual, sobre todo en los países occidentales, donde el cine de filmografías poco conocidas tiene muy dificil estrenarse salvo que triunfe en premios y festivales y/o venga acompañado de estos hechos extracinematográficos. En este film convivieron ambas circunstancias para darle una visibilidad inicial.

Pero no es el tema político lo que hace que la obra destaque y la acerque a un clásico del subgénero como «Billy Elliot» (2000). Lo que hace grande al film es el dominio visual y la puesta en escena, en los que la fascinación por la danza se fusionan con un estudio social preciso y una crítica a los roles que tradicionalmente se han relacionado con los hombres.

Cuando Merab (un notable Levan Gelbakhiani que obtuvo varios galardones por su trabajo) celebra la danza folclórica tradicional georgiana, la cámara siempre está cerca de su rostro. Más que nada, le interesa el fuego interior que impulsa al estudiante de danza. Por su ambición, su férrea disciplina, pero también por la profunda realización interior que significa para él el tormento diario del esfuerzo físico. Mientras danza, Merab parece olvidar todo lo que le rodea, para mimetizarse por completo con los saltos atléticos, los giros artísticos y las elegantes figuras de los movimientos de sus brazos. El joven ha bailado con Mary (Ana Javakishvili) desde pequeño. Pero sólo hay que confrontar a los dos durante unos segundos para sentir la diferencia: ella representa la perfección de la rutina, el fruto de años de entrenamiento, él la pasión ardiente.

Curiosamente, todos pueden sentir la pasión del muchacho, excepto el maestro que prepara a los jóvenes para una carrera en el ballet nacional georgiano. Para él, el delgado Merab no es lo suficientemente masculino, resulta «demasiado débil» para una mezcla ancestral de danza folclórica y ballet, en la que los hombres combinan poses marciales con soltura de puntillas. El profesor lo dice claramente. La danza georgiana representa el espíritu viril y combativo de los georgianos y Merab no da el tipo en ese rol.

En ningún otro estilo de danza se podría culpar a Merab por su inconfundible talento para lo elegante, lo ligeramente femenino. Ni siquiera es consciente de qué es lo que hace que su gracia esté más allá de lo físicamente frágil. El status quo cambia cuando aparece Irakli (Bachi Valishvili), un nuevo bailarín que llega de su pueblo a la capital del país. Con su masculinidad indiferente, no sólo se convierte en el competidor de Merab por el papel principal en los ensayos, sino también en el objeto de sus deseos homosexuales hasta ahora dormidos.

Fotograma de ‘Sólo nos queda bailar’

El director Levan Akin narra el cauteloso acercamiento entre los dos hombres con tierna sensualidad, como algo que surge de forma natural entre dos amantes del mismo sexo. Se sienten ajenos al ambiente hostil aunque el film advierte al espectador (desde el principio con el relato de lo que le ocurrió a la estrella de la compañia al tener sexo homosexual con un lugareño en la visita a Armenia) de los peligros que entrañan las relaciones homosexuales en Georgia. Pero los cuerpos de los amantes no tienen ojos ni oídos para ello. Y siempre que también haya música se permite que los cuerpos se expresen en el lenguaje de la danza y que la tensión se descargue en una furiosa mezcla de emociones. Sorprende la intensidad de las escenas sexuales, menos pacatas que muchas del cine occidental.

[su_quote]El resplandor interior del primer enamoramiento está mostrado en pantalla de una forma sublime.[/su_quote]

Levan Gelbakhiani, el intérprete de Merab, no es un actor profesional, sino un bailarín. No obstante, fue reconocido, como hemos adelantado y con justicia, como mejor actor en varios festivales y fue nominado al Premio de Cine Europeo. Uno de sus mejores momentos interpretativos lo encontramos cuando se da cuenta de que sus sentimientos están siendo correspondidos. El resplandor interior del primer enamoramiento está mostrado en pantalla de una forma sublime.

El film no se agota, en absoluto, en el tópico argumento «chico conoce a chico». En cada plano queda patente la curiosidad con la que el director Levan Akin viajó a la tierra de sus raíces. El cineasta mantiene una mirada imparcial, casi infantil, pero de ninguna manera ingenua. En la tradición de la danza folclórica encuentra un acceso visualmente cautivador a las raíces culturales en todas sus contradicciones. Y registra, de manera muy precisa, el descontento con la situación social y económica de la población, el anhelo de los más jóvenes de dejar el país y vivir en Occidente. Se muestra como un sentimiento complejo que se concentra particularmente en la figura de la compañera de baile y amiga de Merab, Mary. Su familia vivió un tiempo en Inglaterra. Mary, por lo tanto, fuma cigarrillos británicos y los ofrece generosamente, siempre señalando que saben mucho mejor que los locales. En un momento dado, Merab le pregunta sobre ese suministro aparentemente interminable. Mary le confiesa que hace tiempo que se le acabaron los pitillos ingleses y que ha mantenido la cajetilla extranjera pero reponiéndola por cigarrillos locales que funcionan como placebos farmacéuticos. La sola idea de imaginarse que son cigarrillos occidentales la ayuda a soportar mejor la vida en casa. Una pequeña anécdota que explica mejor esos sentimientos que una larga perorata seudo-intelectual.

«Sólo nos queda bailar» es más que una simple película de revelación gay en un país homofóbico. El director sueco Levan Akin une curiosidad por el hogar de sus padres con un estudio cultural complejo y un dominio visual en el que los sentimientos contradictorios se mantienen siempre en un limbo sensorial: el amor por las raíces culturales se opone a la certeza de que el hogar es un lugar hostil.

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FICHA ARTÍSTICA

País: Francia-Suecia-Georgia. Título original: ‘Da cven vicekvet’ (‘And Then We Danced’) . Año: 2019. Dirección y guion: Levan Akin. Duración: 113 minutos. Género: Drama. Música: Zviad Mgebry y Ben Wheeler. Fotografía: Lisabi Fridell. Reparto: Levan Gelbakhiani, Bachi Valishvili, Ana Javakishvili, Giorgi Tsereteli, Tamar Bukhnikashvili, Marika Gogichaishvili, Kakha Gogidze, Levan Gabrava, Ana Makharadze, Nino Gabisonia, Mate Khidasheli, Aleko Begalishvili, Nia Gvatua, Lucas Hesling, Ketie Danelia, Giorgi Aladashvili

PREMIOS Y MENCIONES

2019: 4 Premios Guldbagge (Academia Sueca), incluyendo mejor película, 7 nominaciones.

2019: Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor actor (Gelbakhiani).

2019: Festival de Valladolid – Seminci: Mejor actor (Gelbakhiani).

2019: Festival de Sevilla: Premio del Público.

2019: Festival de Sarajevo: Competición.

PLATAFORMA DE STREAMING DONDE PUEDE VERSE EL FILM

Todas las películas del cine-club online de Casa Mediterráneo pueden verse en el canal del mismo título de la plataforma de streaming por suscripción mensual, Filmin.