“Vivir en Tánger significa conocer todas las facetas posibles de las personas y de sus culturas, y así poder entender mejor la condición humana en toda su miseria y esplendor”. Estas palabras, pronunciadas por uno de los personajes de la novela ‘Tánger, la vida soñada’ (Esdrújula Ediciones, 2024) escrita por la filóloga y catedrática de la Universitat de València Tina Suau, resume el espíritu de la ciudad marroquí que fue modelo de convivencia multicultural y modernidad a mediados del siglo pasado.
Tina Suau, que nació al final de la época del Tánger Internacional y donde vivió hasta los 18 años, estará en Casa Mediterráneo el próximo martes 11 de marzo a las 19 horas para presentar su libro, acompañada por el editor Juan Ramón Roca. El evento, con la colaboración del Consulado General del Reino de Marruecos en Valencia, es de entrada libre hasta completar aforo y con emisión online.
El amor de Tina Suau por Tánger y por Marruecos la han llevado a escribir esta novela, basada en hechos y personajes reales, donde sus propias vivencias se entremezclan con la ficción para ofrecer un apasionante mosaico de vida e historia durante las décadas más fascinantes del S.XX en Tánger. En esta entrevista, Tina Suau nos avanza algunas de las claves de su novela y de la vida en Tánger en su época de máximo esplendor internacional.
Usted nació y pasó gran parte de su juventud en Tánger. ¿Qué aspectos la convierten en una «ciudad soñada»?
En principio, la combinación de nacionalidades y la armonía que existía entre todas. No quiero decir que fuera un paraíso absoluto; es decir, tenía luces y sombras, por supuesto. A veces, se producían roces entre personas de las distintas nacionalidades y religiones; algo que va un poco a la par. Se suele hablar de las tres religiones más importantes, la musulmana, la judía y la cristiana, pero también había muchas otras personas que pertenecían a confesiones más minoritarias, como protestantes o evangélicos, y ateas, por supuesto. La amalgama de distintas culturas, religiones y orígenes era increíble. Creo que Tánger ha sido el único ejemplo en el mundo donde se ha combinado tanta diversidad. Estos rasgos se solían atribuir a ciudades como Beirut o Alejandría, pero no se dieron como en Tánger.
Por su situación geográfica –es la primera ciudad de África cuando se cruza al continente-, Tánger siempre ha sido una especie de punto de encuentro y eso la hace diferente a las demás. Y luego, el hecho de que se rigiera por el Estatuto Internacional durante 30 años, según el cual se turnaban en la Asamblea 12 países diferentes, la hacía única. La vida soñada tenía que ver con esa armonía existente en la ciudad que he mencionado y con el hecho de que fuera puerto franco. Era una era ciudad internacional, un paraíso fiscal, entre otras cosas.
Muchísima gente iba allí buscando fortuna y segundas oportunidades. Eso, unido al momento histórico de la época, con la Guerra Civil española, por un lado, y la Primera y la Segunda Guerra Mundial, por otro, propició que muchísimos occidentales se instalaran en Tánger, entre otros, mis padres.

Por la novela desfilan personajes extraordinarios, como el estadounidense William Brady y su mujer, la torera española Enriqueta Antares, que se instalan en Tánger para emprender un negocio al ser una tierra de oportunidades, donde además es fácil ocultar un pasado oscuro. ¿Esas circunstancias se daban en la realidad en Tánger en la época de la ciudad internacional?
Sí, allí nadie te preguntaba quién eras, ni de dónde venías. Simplemente, llegabas allí con tu pasaporte, te instalabas, te buscabas la vida y eso era todo.
Algo importante que me gustaría aclarar es que el otro día, en la presentación que hice en Madrid, alguien dijo que ésta era una novela sobre la nostalgia, pero yo no he querido transmitir esa idea. Aparte de que la historia es un tributo a Tánger y a todo lo que se vivió allí, constituye una muestra de que la convivencia es posible, más en el momento histórico que estamos viviendo ahora, tan complicado a nivel mundial. La novela es un ejemplo de que se puede convivir con otras nacionalidades y estar en armonía. Si ese modelo de vida ha existido, se podría repetir en algún momento.
En cualquier caso, aunque la nostalgia no sea el tema de la novela, el personaje de Sara va a dejar la ciudad que conoce y donde es feliz para irse a vivir a un país que, aunque sea el originario de sus padres, no es su tierra. Entonces, es lógico que sienta nostalgia por tener que abandonar un lugar donde se siente identificada.
Claro. Sara es mi alter ego.
Justo le iba a preguntar si existen elementos autobiográficos en la novela, que se combinen con elementos de ficción.
Sí, absolutamente. De hecho, he partido del episodio que viví antes de salir hacia España; eso es real. Lo que parece más inverosímil de la novela es lo auténtico. En Tánger estuve trabajando ocho meses antes de venir a España con mis padres. Trabajé en la empresa que retrato en la novela, que todavía existe. El dueño, William Rooney, que es su nombre real, murió y desconozco quién se ha hecho cargo del negocio.
Yo viví esa historia. El personaje de la torera Enriqueta Antares es auténtico también. De hecho, está documentado en un artículo en internet, con fotos incluso de ella toreando y aparece hasta el nombre de mi jefe, de su marido.
¿La historia de estos dos personajes es real?
El hecho de que se fueran a Tánger es real, así como el negocio que levantaron. Trabajé con él y los personajes de los que hablo en el libro, mis compañeros de trabajo también son reales. En cuanto a ella, también está documentado que, al estallar la Guerra Civil, como a Franco no le gustaba que las mujeres torearan, en España no tenía nada que hacer, de modo que se fue a México, Venezuela y Colombia. Y es bastante verosímil que ella y William se encontraran en México y decidieran irse a Tánger.
En Tánger había espías, personas que huían de la guerra, que emprendían negocios dejando atrás un pasado, escritores, aristócratas, banqueros… En semejante contexto se daban las condiciones para que surgiera todo tipo de historias.
Absolutamente. De hecho, hay montones de historias como éstas que no sé si alguna vez saldrán a la luz. Esta novela lo que tiene de especial es que yo soy tangerina y he vivido todo aquello. Hay otras novelas, como una que escribió Pérez Reverte, que titula Eva, y está ambientada en Tánger y otras historias de otros escritores que no son de allí, pero que tienen la ciudad como escenario. Lo que hacen es pintar unos personajes muy exóticos, que en realidad no existían, de manera que lo que cuentan resulta excesivo.
Yo me he remitido más a personajes que realmente conocí y a relatar cómo era el ambiente de Tánger de forma más real. También retrato así a los personajes marroquíes que introduzco en la novela. Mohamed y luego su hijo Said son personajes clave. Muestro cómo van evolucionando y tomando las riendas de su propia identidad en Marruecos. Además evidencian una relación de amistad profunda con dos occidentales, William y Enriqueta, algo que pocos escritores sobre Tánger han reflejado. Todos los hechos históricos están muy documentados; no me invento nada.
En la novela se describen de una forma muy cercana y real las calles, los zocos, los bazares, el famoso Teatro Cervantes, las cafeterías e incluso las peleas que había entre los españoles de uno y otro lado de los bandos de la Guerra Civil entre un local y otro, las comidas, los olores… la atmósfera que se respiraba en la ciudad.
Efectivamente, incluso esas disputas entre españoles ocurrían en la realidad. Voy a presentar la novela en Tánger el próximo 16 de mayo, en el Instituto Cervantes. Y al día siguiente haré una ruta literaria por la ciudad, por todos los lugares que salen en la novela.
Su narración tiene un estilo original, que combina el tiempo presente con el pasado, contado este último a modo de relato por la protagonista a una amiga. ¿Esta fórmula se la planteó como un recurso para dotar de dinamismo a la lectura y de atrapar al lector o con qué finalidad?
Ése no era el formato original. En un principio, Sara se lo iba contando todo a Malika a lo largo de muchos encuentros. Entonces, mi editora, cuando le di el manuscrito, me dijo que quedaba un poco raro que le contara una novela entera a otra persona y en muchos más encuentros. Me sugirió que lo cambiara de alguna manera, así que le hice una propuesta y le gustó. Y así se ha quedado. El presente vuelve hacia atrás, al pasado, y al final ambos convergen. Alguien me dijo también en la presentación de Madrid que la novela era como una especie de muñeca rusa, en cuyo interior hay otras.
Y respecto al estilo, he tenido muy en cuenta al lector. He intentado escribir de una forma que le atrape y no se aburra, por ejemplo, evitando las descripciones excesivamente largas. A mí tampoco me gustan cuando leo. Por eso, he trabajado mucho los diálogos y la acción, incluyendo entre medias emoción y hechos que a mí me interesan.
Pese a la que novela la está presentando desde hace poco tiempo, ¿cómo está siendo la respuesta de los lectores?
Está siendo muy buena en general. La novela se publicó en noviembre pasado. Ésta de Alicante, en la que me acompañará Juan Ramón Roca, va a ser la sexta presentación que realice y ya tengo más programadas. Después me iré a Sevilla, donde me presentará una persona que es una autoridad en literatura sobre Tánger: Rocío Rojas-Marcos. Y a continuación, le seguirán Tánger y Tetuán. También tengo previsto acudir a la Feria del Libro de Madrid y a otras ciudades como Málaga donde, como en Alicante, hay muchos tangerinos. Voy a estar todo el año de gira.
Tánger conserva mucho de aquella influencia como ciudad internacional y tiene una especie de sabor especial, algo que no ocurre en ningún otro lugar.
¿Queda algo del Tánger Internacional en el Tánger de hoy en día?
Pues sí que queda. Tánger después de los años 70, que es cuando termina la novela y cuando vine a España a vivir, sufrió una época conocida como “Los años de plomo”, una etapa muy gris. Al anterior rey, Hassan II, no le gustaba Tánger, el norte de Marruecos, porque un partido nacionalista y otro se le habían rebelado. Pero al morir Hassan II, el actual monarca, algo muy bueno que ha hecho ha sido que ha invertido muchísimo dinero en Tánger y en el norte de Marruecos, porque le encanta. Tánger ha recuperado así parte de su antiguo esplendor.
Cuando hice en mi último viaje, hace dos años, Tánger estaba preciosa. La ciudad está muy cuidada y sigue conservando parte de su encanto internacional. De hecho, muchos extranjeros se han ido a vivir allí. Hay varios polígonos industriales con un montón de empresas españolas. No es el antiguo Tánger Internacional, por supuesto, pero sí que conserva mucho de aquella influencia y tiene una especie de sabor especial, algo que no ocurre en ninguna otra ciudad. En Marruecos, lugares como Casablanca y Rabat eran ciudades del Protectorado francés y son muy afrancesados, pero su toque internacional termina ahí.
Sin embargo, en Tánger te encuentras con norteamericanos, ingleses, alemanes, holandeses… gente que se ha ido a vivir y a montar negocios. Y la ciudad también está viviendo una especie de renacimiento cultural. Por eso se están escribiendo ahora muchas novelas, se organizan exposiciones fotográficas y todo tipo de actividades culturales. Creo que mantendrá ese espíritu internacional, también por su situación geográfica, al ser un punto de encuentro entre Oriente y Occidente.
¿Tiene previsto escribir más novelas sobre Tánger?
Sí, tengo otra novela en la cabeza con Tánger como escenario, pero todavía no he empezado a escribirla. Es una historia que estoy madurando. No estará ambientada en el Tánger Internacional, sino que será una historia actual que tiene que ver con los problemas de muchos marroquíes que tratan de salir del país y con temas sociales. Pero de momento quiero disfrutar de esta novela, la escribí en un año y ahora estoy totalmente entregada a su promoción.
Sinopsis de ‘Tánger, la vida soñada’Corre el año 1972, y una joven tangerina, Sara Jiménez, empieza a trabajar en un negocio local de exportación, a la espera de dejar la ciudad definitivamente con su familia, de vuelta a España. Enseguida descubre que su jefe americano, afincado en Tánger desde 1939, oculta un pasado misterioso. Su matrimonio con una torera española de la II República, Enriqueta Antares, y un pasado oscuro, conducen a la protagonista a verse inmersa en negocios turbios. ¿Hasta qué punto será cómplice Sara, en su búsqueda de Tánger como una vida soñada, de los asuntos de un mafioso, que, a la vez, le abre las puertas para vivir experiencias únicas?
En esta novela, donde se combinan la autobiografía y la ficción, Tánger se convierte en un personaje clave, testigo de hechos históricos fundamentales del siglo XX, donde se funden las culturas para dar lugar a experiencias singulares entre personas de distinta procedencia, con aventuras extraordinarias, tanto históricas como vitales, que pocas ciudades del mundo han conseguido.
Tina SuauTina Suau (Francisca Suau Jiménez) nació al final de la época conocida como Tánger internacional. Vivió allí hasta los 18 años y luego se trasladó a Valencia con su familia en los años 70, como consecuencia de la independencia de Marruecos. Es filóloga y catedrática de la Universitat de València, donde ha tenido una larga trayectoria de gestión, docencia e investigación en lingüística aplicada y traducción en inglés, francés, español y catalán. Ha sido profesora visitante en la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd de Tánger, así como en diversas universidades del Reino Unido, Alemania, Italia, Polonia y Estados Unidos.
Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo
