Youssef El Maimouni: “La novela negra es una manera de radiografiar las inquietudes, los problemas o los motores de acción de cualquier sociedad”

Youssef El Maimouni – © Adrià Sunyol.

Casa Mediterráneo se convierte este año en la nueva sede del festival de novela negra Alicante Noir, que afronta su cuarta edición con una visión renovada y traerá a Alicante a algunos de los escritores más representativos del género, tanto de ámbito nacional como internacional, con especial hincapié en los países de la cuenca mediterránea. Los encargados de inaugurar la primera sesión del festival, el jueves 30 de enero a las 19 horas, serán el escritor de origen marroquí afincado en Barcelona Youssef El Maimouni, cuya última novela es Nadie salva a las rosas, y la escritora y actriz Cristina Higueras, autora de Un asunto ambiguo.

Nos adentramos en las páginas de la última creación de Youssef El Maimouni, Nadie salva a las rosas, ambientada entre Barcelona y Casablanca, donde las piezas del puzle de un crimen contra una joven inmigrante trans intentan encajar, en una entrevista al autor. La novela traza una certera radiografía de la realidad de los jóvenes inmigrantes que intentan abrirse paso en una gran ciudad ante los obstáculos legales y sociales que les dificultan avanzar, al tiempo que aborda otros temas de plena actualidad obviados de la narrativa.

Educador social, filólogo y escritor marroquí, El Maimouni nació en Ksar el Kebir en 1981. Poco después de su nacimiento su familia se instaló en Comarruga, una localidad de Tarragona. El Maimouni estudió Filología Árabe, así como Mediación de Conflictos. Su trayectoria profesional la ha orientado a la educación social promoviendo proyectos para jóvenes.

A la vez que escribe sus novelas, dirige un espacio juvenil en el centro de Barcelona y escribe una columna en la revista Masala. Fue en 2021 cuando publicó su primer libro, Cuando los montes caminen, al que seguiría dos años después Nadie salva a las rosas, ambos con muy buena acogida. Actualmente, se encuentra escribiendo una tercera novela que recogerá la historia de los revolucionarios en los años ochenta en Marruecos desde una mirada contemporánea.

¿Qué le inspiró para escribir Nadie salva a las rosas? El título es muy evocador, ¿qué significado tiene en el contexto de la historia?

El título está inspirado en la obra de Mahmoud Darwish, el poeta palestino, para mí uno de los más importantes en lengua árabe, también conocido como el poeta de la diáspora. Me servía para reflexionar sobre lo que está sucediendo en muchos países africanos, que no tienen tantas oportunidades económicas y están viendo cómo sus generaciones más jóvenes están abandonando su tierra por falta de perspectivas. En Marruecos se habla mucho de esa diáspora, de esa generación perdida.

Este asunto lo conecto con la primera novela que escribí sobre la Guerra Civil [Cuando los montes caminen], porque sucedió algo similar, aunque por otros motivos. La Guerra Civil también provocó una generación perdida, muchos acabaron muriendo en una guerra ajena, mientras el norte de Marruecos se vio despoblado de sus jóvenes y de sus hombres. En los últimos años, por otras razones, en este caso mucho más económicas, también estamos asistiendo al fenómeno de que en muchas ciudades de Marruecos sus jóvenes están abandonando su lugar de nacimiento, su entorno natural. Entonces, el título me servía para eso, para hablar un poco de las diásporas forzadas.

Nadie salva a las rosas es la segunda entrega de “La trilogía de la discriminación”. Cuenta la historia de Rihanna, una joven trans que lo deja todo en Marruecos para comenzar una vida nueva en Barcelona. ¿Su lugar de nacimiento, el tiempo que le ha tocado vivir y el cuerpo en el que está atrapada marcan inexorablemente su fatal destino?

Bueno, no sé si debería de marcar un destino fatal, pero sí que es cierto que el hecho de tener un cuerpo disidente o una sexualidad disidente provoca que ella no tenga la posibilidad de convivir con un mínimo de dignidad, lo que ocasiona que en su entorno natural se vea discriminada. Yo, cuando hablo de la discriminación, no quiero caer en puntos facilones. Simplemente, hay que reconocer que uno puede ser discriminado en cualquier entorno, como puede ser el de la familia, el trabajo, la escuela u otro lugar. No hacer falta sufrir una migración para vivir discriminación. No obstante, la condición de Rihanna, su manera de entenderse, de tener ese cuerpo y esa ideología disidentes hace que se vea forzada a tomar ciertas decisiones que, en este caso, la conducen a una situación bastante negativa para ella.

La novela saca a la luz la realidad de los centros de acogida y la situación que atraviesan los menores no acompañados que llegan a nuestro país. Usted, que conoce esta realidad muy de cerca, ¿qué ha querido exponer?

Estamos hablando de que vivimos, supuestamente, en estados de bienestar, y de que los derechos humanos y los derechos de la infancia recogen una serie de artículos que deben servir para proteger a estos jóvenes y niños vulnerables. Y luego vemos que, en realidad, la situación es totalmente contraria. Justamente, por ejemplo, hoy [por el 27 de enero] en el periódico El País hay un artículo sobre la situación de los centros de menores en las Canarias, de precariedad y de vulnerabilidad absolutas, con falta de apoyo de las administraciones.

Al final, este sueño europeo o este sueño de la migración también tiene sus lados oscuros, que no se explican, no los trabajamos profundamente o no los denunciamos de la manera correcta para que realmente se revierta la situación. Por lo tanto, denuncio la hipocresía existente en el hecho de declararse Estado de Derecho, Estado de Bienestar, mientras se desprotege a las partes más vulnerables de nuestra sociedad, en este caso, los niños.

¿Qué pasa con estos jóvenes cuando alcanzan la mayoría de edad? ¿Acaban en un limbo administrativo?

Sí. De hecho, está demostrado que, si un joven llega a España siendo mayor de 16 años, está condenado a que su situación regular no se resuelva. Acaba cumpliendo los 18 años sin que tenga esa posibilidad de poder vivir dignamente en el Estado español. El Estado está obligado a tutelar a estos menores, pero está demostrado y lo han denunciado varias ONG, que sí que sí se les cubre unas necesidades mínimas, pero no se les garantiza el pleno derecho. Hasta hace poco a muchos de estos jóvenes que sí que conseguían regularizar su situación, se les regularizaba sin permiso de trabajo. Es decir, muchos jóvenes de entre 18 y 21 años tenían derecho a residir en España, pero no a trabajar. Entonces, ¿qué hacemos con estos jóvenes, muchos de ellos formados y con ganas de trabajar? Son jóvenes que no pueden ocupar su tiempo libre con un trabajo y lo que hacen es llenarlo de la manera que pueden, muchas veces cometiendo estupideces.

Busco ese humanismo en historias en las que, con frecuencia, sólo vemos números o tragedia.

En cuanto al tono de la novela, ofrece un retrato crudo y realista, especialmente en el primer capítulo, y al mismo tiempo, a lo largo de la historia emplea un lenguaje poético. ¿Con ello ha querido, de alguna forma, compensar la crudeza del relato?

Sí, obviamente, el lirismo sirve también para buscar esos puntos de luz, esas zonas más luminosas de la vida de cualquier persona. Aunque sean personas a las que les ha tocado vivir una situación complicada inmerecida, también tienen momentos en que experimentan emociones o sentimientos agradables y beneficiosos. He tratado de buscar esa compensación, humanizar a estas personas que no sólo son víctimas, sino que también sienten igual que nosotros y que, obviamente, se alegran por situaciones similares o se entristecen por acontecimientos duros. Busco ese humanismo en historias en las que, con frecuencia, sólo vemos números o tragedia.

¿Qué recursos le ofrece la novela negra para abordar temas sociales como los que sobresalen en esta historia?

La novela negra es una buena herramienta para tomarle el pulso a la sociedad, para analizar cómo palpita este entorno en el que vivimos. Realmente, la novela negra no sólo se centra en casos criminales o policiales, sino que también, a la vez, es una manera de radiografiar cuáles son las inquietudes, los problemas o los motores de acción de cualquier sociedad. Y en ese aspecto sirve para hacer una radiografía mucho más amplia de las situaciones cotidianas, que hacen que una ciudad se encamine hacia una u otra manera de ser.

¿Qué le llevó a lanzarse al mundo de la literatura? ¿Para usted tiene una finalidad divulgativa o esclarecedora de realidades poco conocidas?

Siempre digo que tuve la suerte en 1º de BUP de tener un profesor de Lengua y literatura catalana, que me prestó un libro de Mohammed Chukri, El pan desnudo. Que un profesor confiara en un alumno de 13 años y le prestara un libro, sobre todo tan peculiar como éste, cambió mi manera de entender la literatura y el arte. Ya no era una obligación, ni una forma de entretenimiento; me di cuenta de que la literatura y el arte servían para explicarnos como humanidad y para manifestar emociones o sentimientos que, de otra manera, no se consideran.

Desde entonces, siempre he querido relacionarme con la literatura, ya sea como lector o haciendo mis pinitos como escritor. Estudié filología, obviamente también para seguir de cerca esa pasión por las letras, pero tenía muy claro que no quería escribir si no encontraba una voz o un tema especial y diferente.

Por ejemplo, me sorprende mucho que de la Guerra Civil nadie haya escrito antes sobre los moros de Franco. Sí que hay algún ensayo o alguna investigación académica, pero en narrativa, en películas o incluso en diferentes manifestaciones artísticas, no encontramos nada que haga referencia a esa situación que se vivió en la Guerra Civil. Lo mismo ocurre con los menores no acompañados. Es un fenómeno que llevamos viviendo desde finales de los ochenta, que desgraciadamente está en boca de todos, es una problemática que vemos cada día con las pateras y los cayucos, pero nadie lo había abordado tampoco en narrativa. En este sentido, intento aportar mi granito de arena a la cultura española y afrontar temáticas desde otros puntos de vista.

Por último, ¿cómo está siendo la acogida de esta novela entre los lectores, tanto españoles como marroquíes?

El retorno es un poco tramposo porque las críticas que me han llegado, por personas cercanas o lectores desconocidos que se han dirigido a mí, son positivas. Seguramente habrá matices y alguna puntualización sobre ciertos aspectos de la novela. Obviamente, hay un gran número de lectores que desconozco y de los que no sé cuál es su opinión. Entiendo que habrá un poco de todo: gente a la que le haya interesado más, otros que lo hayan valorado de manera favorable, otros menos…  pero intento alejarme un poco de ello. Luego, también hay espacios como los clubes de lecturas o entrevistas he voy realizando, donde observo que los temas que abordo interesan. En particular, en los clubes de lectura hay gente que agradece este tipo de literatura y de escritura. Lo que he vivido en primera persona es positivo, pero, claro, he visto una parte pequeña de todo el paisaje.

Por María Gilabert Almagro
Responsable de la revista Casa Mediterráneo