Alfonso Bauluz: «La precariedad es perversa porque cuando los periodistas no tienen la seguridad de ganarse la vida adecuadamente son pasto de todo tipo de abusos e intimidaciones»

Alfonso Bauluz, redactor jefe de Internacional de la Agencia EFE y Secretario General de Reporteros sin Fronteras-España (RSF), participará en un encuentro con alumnos del grado de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche el 18 de febrero a las 10 h. dentro del ciclo de Casa Mediterráneo ‘Periodistas y el Mediterráneo’ con la colaboración de la UMH. El evento podrá seguirse online a través de la web casa-mediterraneo.es y las redes sociales de la institución diplomática.

Bauluz es profesor asociado de la Universidad Complutense de Madrid y tiene tras de sí una larga trayectoria como corresponsal, que comenzó con tan sólo 24 años en África y prosiguió en Asia, México y Centroamérica. Como enviado especial ha informado sobre conflictos, cumbres, elecciones, catástrofes y todo tipo de acontecimientos en lugares como Argelia, el Sahara Occidental, Libia, Túnez, Egipto, Arabia Saudí, Kuwait, Malasia, Guatemala, Cuba, Singapur, Micronesia, Indonesia o Irak, donde cubrió su invasión en 2003 como reportero “empotrado” con los marines estadounidenses. 

Fue corresponsal de Antena 3 Televisión en México y Centroamérica entre 1996 y 1997. En el Sudeste Asiático participó en coberturas como la caída del régimen del general Suharto (Indonesia) en 1998, el desastre descolonizador de Timor Oriental en 1999 o la primicia mundial de EFE sobre la muerte de Pol Pot en 1998. Con el traspaso de la soberanía de Hong Kong a China, en plena crisis financiera asiática de 1997, atendió numerosas cumbres de alto nivel diplomático y financiero en Malasia, Singapur o Manila.

Su trabajo ha sido reconocido con el Premio colectivo extraordinario Ortega y Gasset por la cobertura de la guerra de Irak y el Premio “Pluma de la paz 2006” otorgado por Mensajeros de la Paz. Es coautor de los libros colectivos “Objetivo Bagdad: 12 reporteros en la Guerra de Irak” (EFE, 2003) y “Fotoperiodistas de guerra españoles” (Turner, 2011), así como autor de ‘Prensa y manipulación: El Pentágono y las Operaciones de Información’ (Fragua, 2018). Colabora en Cuadernos de Estrategia del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) y es profesor invitado en cursos de posgrado sobre conflictos y comunicación de diversas universidades españolas y del Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN).

Con el fin de conocer el trabajo de Bauluz en el ámbito internacional, su opinión sobre la situación que atraviesa la profesión y sus perspectivas de futuro, así como los retos que afronta Reporteros sin Fronteras, mantuvimos una entrevista telefónica con el veterano periodista.

Ante la crisis que arrastra el periodismo español desde hace años, sometido a constantes recortes económicos, la mengua de las redacciones y la preponderancia de los criterios de rentabilidad, ¿los medios corren el riesgo de ofrecer una información demasiado uniformizada, donde prime la inmediatez por encima del rigor?

No hay un riesgo, es lo que está ocurriendo. No tengo ninguna duda de que eso ya está pasando desde hace bastante tiempo, salvo algunos casos diferenciados y momentos esporádicos. Basta con observar la cobertura de Ucrania para darse de cuenta de lo similar que es. Incluso cuando se moviliza a periodistas con experiencia no siempre es fácil llegar y acertar, se necesita un tiempo. Entonces, se está viendo cómo se repiten los mismos temas hechos por colegas que tienen experiencia, pero no el tiempo suficiente como para buscar asuntos diferenciados, disponer de fuentes y encontrar ubicaciones distintas que no estén a remolque de lo que la propaganda ucraniana quiera vender.

¿Se refiere a los enviados especiales a los que envían apresuradamente los medios al lugar de la noticia?

Sí, los llamados “paracaidistas”. Incluso el fotógrafo que conozco que más veces ha estado en Ucrania estuvo en clase en la facultad el lunes [7 de febrero] y me dijo que ahora mismo no hay mucho que contar, salvo que te vayas al frente de Donetsk, en el Donbás. Aquí único que vas a poder hacer es ponerle colorín a las imágenes de la propaganda rusa y estadounidense, donde están moviendo tropas a cada lado, haciendo ejercicios o fuegos de artificio, por decirlo de alguna manera.

Frente a esta realidad, ¿qué valor tiene una agencia como EFE a la hora de proporcionar a los medios información de primera mano allá donde ellos no llegan?

Nosotros, como el resto de los medios y agencias, hemos experimentado reducciones de ingresos, entre otras cosas porque han desaparecido centenares de clientes, que son un sostén básico, pero existen diferencias. Una de ellas es que las personas que trabajan de manera permanente en un destino o en una región, la conocen, la visitan, tienen sus contactos, sus fuentes y van tejiendo una red de colaboradores que les van a permitir en un momento dado disponer de una información propia, original y en tiempo. 

Lo que también ocurre es que las agencias nos debemos a nuestros clientes que son los medios, lo cual significa que hemos de atender sus necesidades en primer lugar y siempre. Eso implica que tenemos que proporcionar la información esencial, la básica, la que todos necesitan para construir su visión de los acontecimientos y una vez que como agencia hemos cumplido con esa obligación empezamos a hacer una información que sea propia y sobre todo con quienes nos comparamos más es con las agencias competidoras. Es cierto que con el ecosistema virtual y la presencia online en tiempo real de los colegas del resto de los medios esto ha desaparecido en gran medida porque al fin y al cabo qué más te da que sea Reuters la que haya sacado una buena historia o El País que la haya publicado en su edición digital. 

En ese sentido, siempre hemos estado a la vanguardia en rapidez, pero a la vez, al haber más periodistas y más medios trabajando en tiempo real, es más difícil encontrar esas historias diferenciadas y originales. Ten en cuenta que nosotros antes escribíamos y los colegas de los periódicos esperaban a recibir las informaciones enviadas por todas las agencias para confeccionar sus noticias. Ahora muy pocos pueden permitirse el lujo de hacer eso.

Bauluz informando del alto el fuego en el Sahara en septiembre de 1991.

EFE dio la primicia mundial en 1988 de la muerte del dictador camboyano Pol Pot, responsable del genocidio de un tercio de la población de su país. Pol Pot murió en un campamento cercano a la frontera tailandesa donde vivía en situación de arresto domiciliario. Ante los constantes rumores sobre la veracidad o no de su muerte, los jemeres rojos exhibieron su cadáver ante un grupo de periodistas. ¿Usted estaba entre ellos?¿Cómo se sucedieron los hechos?

No, estaba mi compañero Miguel Frau Rovira, pero yo era su jefe responsable y el editor de lo que escribía. Él llevaba muchos años viviendo en la región, hablaba tai y además entendía el jemer, lo cual le daba una ventaja comparativa muy notable. Siempre había habido rumores sobre la muerte de Pol Pot. El caso es que Miguel estaba afincando en Bangkok, aunque su querencia informativa siempre había sido Camboya. Cogió su coche de noche, se estrelló contra unos militares borrachos que le salieron al paso y le destrozaron el vehículo, consiguió continuar el viaje y llegar a un pueblo cercano a la frontera de Camboya. Allí pidió al conductor de un tuk tuk que bajara a sus clientes porque tenía prisa y capacidad para pagarle un poco más y aceleró hasta llegar a un lugar donde había un coronel tailandés formando una expedición de cinco medios para ir al lugar donde los jemeres tenían a Pol Pot. 

Fue una exclusiva mundial muy bonita porque coincidió con las fiestas del agua en Tailandia, que son muy divertidas, y algunos competidores quizás se quedaron durmiendo o simplemente disfrutando de los festejos. Esto son cosas que pasan, pero desde luego teníamos un excelente corresponsal sobre el terreno que fue el que dio esa primicia y batió a todos los competidores. Nosotros competimos por minutos, pero aquello fueron horas de diferencia y en el caso de todas las agencias internacionales, días.

En relación a las demandas informativas de los medios de comunicación que son clientes de EFE, ¿Afganistán sigue interesando, tras el abandono a su suerte de la población por parte de la comunidad internacional y la vuelta al poder de los talibanes?

Nosotros informamos a diario desde Kabul. He visto que estos días hay una enviada especial de Televisión Española y aquí hay una diferencia importante si se trata de medios especializados, públicos y de referencia o generalistas. Los medios especializados en catástrofes humanitarias como la que está viviendo ese país, que además se va a agravar, obviamente, por el desabastecimiento, estarán allí. Los medios públicos, nosotros como agencia internacional, estamos. Hemos tenido que sustituir la red de informadores, como le ha pasado a EPA [siglas en inglés de la European Pressphoto Agency], la agencia de fotografía en la que somos mayoritarios, porque una parte del personal de muchos medios internacionales decidió abandonar el país. 

Y además de los medios públicos, como puede ser el caso de TVE, que no están tan supeditados a la cuenta de resultados y el beneficio y pueden determinar mejor a qué dedican sus recursos, están los medios de referencia, los más importantes, que se permiten hacer coberturas con mayor profundidad sin estar dominados por la agenda informativa internacional ni el breaking news [noticias de última hora]. Medios como The New York Times pueden tener tranquilamente dos equipos trabajando en Afganistán simplemente para hacer buenas historias, por eso son medios de referencia, porque no están supeditados al ritmo del breaking news y de la actualidad. 

También me gustaría saber cómo fue su experiencia cubriendo la invasión de Irak en 2003 como reportero “empotrado” con los marines estadounidenses. En su libro «Prensa y manipulación. El Pentágono y las Operaciones de Información” afirma que en esa guerra se produjo una evolución, o más bien una involución, del concepto de “periodista empotrado”. ¿A qué se refiere?

Portada del libro ‘Prensa y manipulación’ de Bauluz.

Periodistas acompañando a combatientes existen desde los albores de la humanidad. Tenemos incluso a Julio César narrando sus propias hazañas y utilizándolo como propaganda para su campaña al Senado. Napoleón entendía muy bien la fuerza de los periódicos y podríamos continuar citando a grandes militares que a lo largo de la historia han utilizado la prensa para fines propagandísticos. Aunque a algunos les moleste y perjudique su imagen romántica del cine, un periodista acompañando a las tropas estadounidenses en 2003 en Irak no se diferencia mucho de un periodista acompañando a las tropas estadounidenses en Vietnam.

La diferencia rotunda y abismal radica en la velocidad a la que viaja la información como consecuencia de la digitalización y el hecho de que con Internet el paradigma de la comunicación de emisor y receptor ha cambiado notablemente. ¿Qué significa esto? Que cualquiera puede emitir mensajes a través de un canal, que es Internet, y llegar a todo el mundo. Esto rompe la hegemonía de los medios de comunicación y es el motivo por el que los estadounidenses deciden que precisan de alguien medianamente neutral que narre la invasión de Irak y que atenúe los efectos que la propaganda contraria, la desinformación y el ruido van a producir en el periodo del enfrentamiento bélico. 

Es una necesidad que constatan, puesto que cualquiera puede mandar mensajes, da igual que sea Sadam Husein, un activista opositor o un iraquí partidario o contrario al régimen, con el fin de intentar conseguir sus propósitos mediante noticias falsas. Nosotros, los periodistas, nos supeditamos a una ética y ésa es la diferencia. Los estadounidenses creen, y así lo manifiestan los estudios que han hecho posteriormente, que les resultó mejor confiar en la independencia de los periodistas, en su buen juicio y en su rigor profesional -aunque por supuesto también nos equivocamos- para que la narración de los hechos no les perjudicara, puesto que si no hubiera habido nadie, ésta habría sido pasto de bulos y de desinformación. Lo tuvieron claro y luego muchos otros ejércitos lo han ido incorporando, pero no porque les guste la presencia de los periodistas necesariamente -a los soldados no les molesta, pero sí a los mandos-, sino porque allí donde no haya acceso a la información se van a crear instantáneamente los bulos. Ya ocurre donde existe información, sin ella más aún.

[su_quote]El volumen de asesinatos en México en lo que llevamos de año nos da una idea de cómo se ha deteriorado en algunos lugares del mundo el ejercicio de la profesión y lo peligroso que resulta.[/su_quote]

Como Secretario General de Reporteros sin Fronteras, cargo que desempeña desde septiembre de 2020, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la organización?

Ahora mismo el volumen de asesinatos en México en lo que llevamos de año, con el quinto crimen ayer [por 10 de febrero] en Oaxaca, nos da una idea de cómo se ha deteriorado en algunos lugares del mundo el ejercicio de la profesión y lo peligroso que resulta. Tenemos un programa de acogida de periodistas latinoamericanos. Hemos intervenido en la evacuación de más de 50 personas, entre periodistas y familiares, desde Afganistán. Y hemos tenido que sacar de urgencia a una periodista colombiana que después de haber estado en el programa de acogida tres meses en España, al volver a su país se encontró con que las amenazas y el riesgo no sólo no se habían atenuado, sino que habían aumentado. Muchas veces esta confusión y colusión entre narcos, Estados débiles, políticos corruptos, intereses económicos y controles territoriales dan como resultado Estados fallidos. Estos días México está dando muestras de ello. Su Presidente está más preocupado de distraer la atención de las andanzas de sus familiares en Texas que de ocuparse de los problemas que está sufriendo, en este caso, un colectivo profesional como el de los periodistas. 

En otras latitudes, los asesinatos han disminuido [según el balance anual de RSF el número de periodistas asesinados en 2021 fue de 46, el dato más bajo de los últimos 20 años] por el simple hecho de que los periodistas viajan menos por problemas económicos, por la pandemia y por que hay agujeros negros como Libia, Siria, Etiopía o Eritrea, donde los accesos son muy complicados o su presencia es prácticamente inexistente. Esos son los problemas en los lugares de conflicto, pero también estamos presenciando fenómenos de ciberacoso, anulación de periodistas a través de ataques a su reputación, de carácter cibernético, sexista, xenófobo… Se está empobreciendo el debate plural en las sociedades democráticas donde empeora la calidad de los medios y en lugares donde líderes como Duterte en Filipinas o como Modi, el Primer Ministro de la India, utilizan a los trol para atacar y tratar de desbaratar el trabajo de los periodistas. Informadores que además muchas veces, como en el caso de la filipina María Ressa, se ven sometidos a juicios que pretenden arruinar su prestigio y la viabilidad de su publicación online o, como en el de la periodista más conocida del diario ruso ‘Nóvaya Gazeta’ [Elena Milashina], se ven obligados a salir del país al no poder convivir con la inseguridad y las amenazas. Toda esta suma de elementos provoca que cada vez resulte, sobre todo en determinadas latitudes como México, más complicado informar y hacer un trabajo para la sociedad. 

En México los periodistas se quejan de la falta de protección que están sufriendo por parte del gobierno y de la impunidad de los crímenes. 

El hecho de que la mayoría de estos crímenes quede impune es el principal causante de que continúen y aumenten. Si alguien que tenga intención de asesinar a una persona sabe que puede pagar por ello, se lo pensará dos veces. En lugares como Filipinas o México, países en los que he trabajado, los periodistas se exponen permanentemente desde hace décadas al asesinato y a la impunidad del delito, que viene a agravar las consecuencias fatales de este para los familiares, el entorno y los colegas.

¿Esa situación real de riesgo a perder la vida es un elemento disuasorio para dedicarse a la profesión o abandonarla?

En un congreso en Sevilla recuerdo que había un profesor de la Universidad de Comunicación de Tijuana al que le pregunté si seguían teniendo alumnos y me dijo que sí, que continuaba habiendo vocaciones, porque el periodismo es muy vocacional. Me confesó que lo más difícil era que tenían que enseñar a sus estudiantes a trabajar y continuar con vida. Es muy complicado informar en un entorno tan hostil como el existente en México.

[su_quote]Los medios de comunicación no han sido capaces de adelantarse a las consecuencias de la crisis derivada de la transformación de una economía industrial a una economía digital, en tanto que protegían sus ingresos.[/su_quote]

La precariedad que actualmente afecta al periodismo en España también puede afectar a la hora de despertar vocaciones, pero al menos en estos momentos ejercer la profesión no entraña peligro de muerte.

Hemos tenido la amenaza del terrorismo de ETA y puede haber acciones hostiles en un momento dado por parte de un determinado colectivo o agrupación. Ahora estamos viendo cómo una gran eléctrica como Iberdrola pretende desarbolar a un medio de comunicación con una demanda que persigue arruinar e intimidar. Aquí estamos hablando de patrimonio, pero la realidad es que la precariedad es igual de perversa porque cuando los periodistas no tienen la seguridad de ganarse la vida adecuadamente son pasto de todo tipo de abusos y de intimidaciones, entre otras, las insidias. Se trata de una crisis derivada de la transformación de una economía industrial a una economía digital, donde los medios de comunicación no han sido capaces de adelantarse a las consecuencias, en tanto que protegían sus ingresos.

A mis alumnos de la facultad siempre les pongo este ejemplo. Hace 20 años un editor colgaba un pdf en Internet y se creía que eso era la edición digital de un periódico. El desconocimiento de su propio negocio era notable. Es verdad que había falta de certezas, pero también que pequeñas startups o negocios como idealista.com dejaron a los medios de comunicación sin uno de sus ingresos tradicionales. Quienes crearon ese portal tuvieron la visión de adecuar a la economía la realidad digital, una demanda del mercado como era la de la vivienda, y los periódicos, que vendían en sus anuncios clasificados esa misma publicidad, dejaron obtener ingresos por esta vía. Creo que dice mucho a favor de esas industrias y poco de esos medios que no fueron capaces de acomodarse a la economía digital. Y en esas estamos todavía, pero no sólo en España.

¿Actualmente los medios de comunicación son capaces de vivir de los ingresos que les generan las suscripciones de los lectores?

No. Hay algunos casos exitosos como The Wall Street Journal, el periódico Reforma de México o The New York Times, que tiene la ventaja de que al ser un diario de referencia mundial su mercado es global, aunque por ejemplo las publicaciones que se editan digitalmente en español tienen un gran potencial en muchos países, quizás no tan ricos. Pero la realidad es que nadie ha dado con fórmulas que funcionen salvo las que he mencionado y alguna otra publicación más. También es cierto que el tipo de cliente que recibía en su casa un diario impreso a la vez era el que, por poder adquisitivo, nivel de instrucción o de reflexión, podía adquirir una suscripción digital, pero esto no se produjo. Quebró el modelo de suscripción del impreso, cada vez hay menos, al igual que su circulación. 

En cuanto a la publicidad, el 90% está en manos del duopolio Facebook-Google, con lo cual el esplendor que suponía para los medios de comunicación las grandes campañas de anunciantes ha desparecido. En consecuencia, menores ingresos por campañas de publicidad y por la suscripción de los diarios impresos ofrecen una situación muy mala. Imagino que al igual que han aparecido las suscripciones a los canales de series se estabilizarán los abonos a los medios de otra manera, probablemente mucho más compartida a través de plataformas y no sólo a una cabecera en concreto. Pero eso tiene que llegar y todavía no ha ocurrido.

Alfonso Bauluz en el Valle de Moka (Bioko, Guinea Ecuatorial) en 1989.

Sus inicios como corresponsal arrancaron en Guinea Ecuatorial como delegado de EFE, tareas que desempeñó desde octubre de 1989 a 1991 en un destino que nadie quería y que usted asumió. ¿Cómo fueron esos comienzos?

Era el destino más impopular y además con el mayor número de fracasos que me precedían porque la presión era tan grande que la gente lo dejaba por las dificultades inherentes a vivir en uno de los países más pobres del mundo y con una dictadura militar. Gobernaba el entonces junior Teodoro Obiang Nguema, hoy en día uno de los dictadores más longevos de todo el continente y creo que también de las estirpes de regímenes totalitarios. Para mí fue un aprendizaje, lo que se diría un master sobre el terreno y un viaje al pasado porque la manera de comunicarse que entonces teníamos desde África era el télex, cuando ya en las redacciones se estaban utilizando los ordenadores.

Fue un aprendizaje, por ejemplo, en todo lo concerniente a la censura y la falta de libertad de prensa. El control absoluto que tenía el dictador sobre los precarios medios públicos guineanos era lo más parecido a Corea del Norte. Fue duro, pero con el paso del tiempo he ido apreciando el valor de aquella experiencia aunque no se pudieran poner sobre el terreno las destrezas que se iban adquiriendo. Recuerdo que cuando el director de Información de EFE me preguntó si la cobertura de la invasión de Irak había sido muy dura, le dije que más duro había sido vivir en Guinea Ecuatorial y eso siendo mucho más joven. Las herramientas que manejas con muchos más años a tus espaldas cuando afrontas un conflicto no son las mismas que cuando eres un joven de 24 años sin los esos recursos y te encuentras con una situación verdaderamente complicada, tanto que los que te han precedido se han largado porque no podían soportarlo más. 

Tan solo una muestra de ello: Aquí no se utilizaba la palabra “cayuco”, tan empleada en estos tiempos, cuando para mí era la manera de escapar si las cosas se ponían difíciles. Era la embarcación de fuera borda corriente allí, de hecho el término procede del Golfo de Guinea. 

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Imagen superior destacada: Alfonso Bauluz, en el centro, en Bagdad (Irak) en abril de 2003.