Cristina Sánchez, coordinadora de la Sección Internacional RNE: «Pese a que sólo nos separan dos orillas, la distancia en el Mediterráneo es mucho más amplia»

Cristina Sánchez, corresponsal de Radio Nacional de España en Oriente Próximo entre 2017 y 2021, conoce muy bien el conflicto que enfrenta a israelíes y palestinos desde mucho antes de los acontecimientos del pasado 7 de octubre. La periodista ha cubierto todas las operaciones militares de Israel en Gaza desde 2008, incluida la Operación Margen Protector 2014 desde el interior de la Franja. Como corresponsal en Jerusalén ha viajado en múltiples ocasiones a Gaza, donde ha producido el webdoc “Vivir Gaza”. Desde Jerusalén se trasladó también varias veces al noreste de Siria, cubriendo la ofensiva contra ISIS.

Con semejante bagaje, la periodista ofrecerá en Casa Mediterráneo su visión sobre el Mare Nostrum como espacio de encuentro de civilizaciones y se detendrá especialmente en el conflicto israelí-palestino, en el marco del Festival Rototom Sunsplash que organiza la asociación Exodus. Cristina Sánchez hablará de todo ello en un diálogo con el director general de Casa Mediterráneo, Andrés Perelló, el próximo lunes 3 de junio a las 19 horas, moderado por la periodista Sonia Marco.

En la actualidad Cristina Sánchez es coordinadora de la Sección Internacional RNE. Especialista en Oriente Próximo, conflictos, personas desplazadas y refugiadas, derechos humanos y género, fue directora del programa «Países en Conflicto» de Radio 5 Todo Noticias desde septiembre de 2010 a 2019. Al frente de este espacio ha producido más de 700 reportajes en los que ha abordado temáticas variadas como guerras, atentados terroristas, desastres naturales, catástrofes ecológicas, violaciones de los derechos humanos o cuestiones de género.

Entre sus múltiples desempeños en el extranjero destacan la cobertura de revueltas populares y conflictos bélicos como la caída de Ben Alí en Túnez (2011); la guerra de Libia (2011) o la revuelta del Euromaidan en Ucrania (2014). Se encargó también de reportar, como enviada especial a París, el atentado contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo (2015). Cristina Sánchez ha cubierto además numerosos procesos electorales en contextos de violencia o en circunstancias excepcionales, como las elecciones presidenciales de Afganistán (2009), las elecciones legislativas en Irán (2012), Libia (2012) o Egipto (2014).

En el ámbito de las crisis humanitarias ha informado sobre el terreno del terremoto de Haití (2010); ha contado las condiciones precarias de vida en el campo de refugiados de Zaatari, en Jordania, y la situación de los sirios en el norte de ese país; ha viajado en tres ocasiones a los campamentos de refugiados saharauis (2008, 2014 y 2016); ha cubierto la ruta de los refugiados en los Balcanes Occidentales (2015); ha sido enviada especial a la isla griega de Lesbos (2016) y ha informado sobre el feminicidio en Guatemala (2009). Su labor ha sido reconocida con varios galardones: Premio Emilio Castelar a la Defensa de las Libertades y el Progreso de los Pueblos categoría Comunicación (2014), Premio Cirilo Rodríguez de periodismo (2018) y Premio Ameco Prensa-Mujer (2019).

En esta entrevista, nos ofrece un adelanto de los temas que abordará en Casa Mediterráneo.

El título del evento en el que participará en Alicante es “El Mediterráneo como diálogo de civilizaciones”. A lo largo de los siglos, ese diálogo ha dado como resultado un rico intercambio cultural entre los pueblos de la cuenca mediterránea. ¿Qué análisis haría del estado actual de ese diálogo?

Cristina Sánchez, realizando una entrevista en Argelia.

Creo que, en la actualidad, desgraciadamente, pese a que sólo nos separan esas dos orillas del Mediterráneo, la distancia es mucho más amplia. Con el paso del tiempo, el desconocimiento de lo que sucede a uno y otro lado de ese mar va en aumento. Considero que es fundamental establecer nexos de unión a través de esas mismas costas y dar a entender a la audiencia que, tomando como referencia la actualidad pura y dura, Gaza está bañada por las aguas del Mediterráneo. Las playas en las que ahora mismo sobreviven en tiendas de campaña las personas desplazadas en Gaza están bañadas por las mismas aguas que, por ejemplo, las de Alicante.

Nuestra labor debe ser reducir esa distancia y demostrar que no es tanto lo que nos separa. Son personas, a uno y otro lado del Mediterráneo, con los mismos anhelos, el mismo deseo de tener un futuro mejor para sus hijos y de que se cumplan unos derechos fundamentales que, desgraciadamente insisto, a día de hoy, van en retroceso.

Falta voluntad política por parte de todos los actores implicados, sobre todo por parte de los gobiernos que siguen apoyando al israelí.

Tras su experiencia como corresponsal en Jerusalén durante cuatro años y 15 años cubriendo los acontecimientos en Oriente Próximo, ¿ve alguna salida a este complejo conflicto que dura ya más de siete décadas?

Voluntad política por parte de todos los actores implicados, sobre todo por parte de los gobiernos que siguen apoyando al israelí, en la búsqueda de una solución dialogada y pacífica que pasa por que los palestinos tengan derecho a decidir. El problema actual es que el poder no lo tienen ellos, sino las grandes potencias occidentales que, sin fisuras, por mucho que haya declaraciones grandilocuentes, continúan apoyando al gobierno israelí.

Si Estados Unidos no da un paso al frente y es quien presiona al gobierno israelí para que acabe con esas políticas de expansión de asentamientos, de ocupación brutal y de violaciones de leyes internacionales en todo lo que tiene que ver con la población palestina, no hay ninguna salida; ni siquiera la Unión Europea tiene capacidad de influir.

El reconocimiento del Estado palestino por parte de España, Irlanda y Noruega ¿puede obtener algún resultado más allá de su simbolismo?

Entiendo que la idea del gobierno español es que sirva de ejemplo para que otros países europeos, que son de los pocos que aún quedan por reconocer al Estado palestino, sigan esos mismos pasos. Si ves el mapa del reconocimiento del Estado palestino a nivel global, son una amplísima mayoría de países, 147 hoy en día de los 193 que conforman Naciones Unidas. Si llamamos comunidad internacional al mundo entero, mayoritariamente ésta apoya el establecimiento de un Estado palestino. Si llamamos comunidad internacional única y exclusivamente a unos pocos países occidentales, efectivamente ésos no lo hacen. Los espacios en blanco están fundamentalmente en Europa y en Estados Unidos. Desgraciadamente esos países son los que ahora mismo tienen el poder, el derecho de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ello impide, gracias al veto de Estados Unidos, que Palestina sea reconocida como Estado de pleno derecho en el seno de Naciones Unidas.

En consecuencia, ¿el reconocimiento por parte de tres países se queda en el plano simbólico? Es un paso más. En la práctica, el establecimiento de un Estado palestino viable, en el contexto actual de ocupación y expansión de asentamientos, es imposible.

El Ministerio de Defensa israelí ha dado instrucciones para que los israelíes puedan volver a entrar en zonas del norte de Cisjordania a las que no podían acceder desde 2005. ¿Estos movimientos forman parte de una estrategia de nuevos asentamientos?

De una estrategia que no ha cesado desde los Acuerdos de Oslo. Esto es un paso más. No da luz verde al establecimiento de nuevos asentamientos allí, pero sí a la entrada. Hay que entender que los asentamientos en territorios palestinos ocupados se establecen de dos maneras: una, por autorización expresa del gobierno israelí, y otra, por una política de hechos consumados. Son considerados ilegales, en un principio por el gobierno israelí, pero una vez que están establecidos ya nadie los quita y haciendo siempre hincapié en que todos, unos y otros, son considerados ilegales por las leyes internacionales.

El cierre de pasos fronterizos y la denegación de acceso a la ayuda humanitaria está cobrándose víctimas, debido a la falta de agua, de alimentos, medicamentos… ¿Se está utilizando el hambre como arma de guerra?

No lo digo yo, lo dicen Naciones Unidas y las principales ONG con presencia en los territorios palestinos ocupados. El hambre se está utilizando como un arma de guerra y estas mismas organizaciones están advirtiendo y denunciando que, muy probablemente, el número de personas fallecidas por enfermedades prevenibles y curables será superior al número de personas que el Ejército israelí haya matado en Gaza. Esto lo veremos a medio y largo plazo.

La ayuda está siendo utilizada también como un arma de guerra. Se está poniendo todo tipo de impedimentos, pese a que las autoridades israelíes sostienen que están permitiendo la entrada de ayuda. Lo cierto es que los impedimentos están ahí. Los pasos fronterizos por tierra que las ONG insisten en que son el método más práctico, fácil y viable para la entrada de ayuda, no por aire ni por mar -no dejan de ser parches estas dos últimas fórmulas- cuentan con un montón de trabas por parte de las autoridades israelíes.

Cuarenta y ocho horas después de que la Corte Internacional de Justicia ordenara a Israel que detuviera su ofensiva sobre Rafah, un bombardeo a un campo de refugiados de esa zona acabó con la vida de 50 personas, la mayoría mujeres y niños. Este ataque se produjo horas después de que Hamás lanzara ocho cohetes hacia el centro de Israel, sin graves daños ni heridos. A la vista de los acontecimientos, ¿hay alguna posibilidad de que Israel acate la decisión de la Corte Internacional de Justicia? ¿Qué diferencias hay con el papel que desempeña la Corte Penal Internacional en este conflicto?

La decisión, a instancias de Sudáfrica, de solicitar que cesen todas las acciones que puedan suponer un riesgo de genocidio en Gaza y concretamente en Rafah es de la Corte Internacional de Justicia, que es el principal órgano judicial de Naciones Unidas.

La Corte Penal Internacional es otra institución distinta, que a través de su fiscal ha solicitado a sus jueces una orden de detención internacional contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, su ministro de Defensa y tres líderes de Hamas.

A lo que te refieres, la orden de la Corte Internacional de Justicia, gracias a la denuncia presentada por Sudáfrica, es vinculante, de obligado cumplimiento, pero carece de los mecanismos necesarios para poder implementarla. ¿Quién tiene esos mecanismos? El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que debe tratar en una reunión especial esta cuestión y cómo obligar a Israel a que la cumpla. Una vez más, nos encontramos con el mismo problema anteriormente indicado: el derecho de veto de Estados Unidos.

Aunque en muchos de los conflictos que he cubierto las corresponsales éramos mayoría, no se nos da la misma visibilidad.

Cristina Sánchez en los estudios de RNE.

En una entrevista afirmó que el periodismo de guerra está muy masculinizado, sin embargo, no son pocas las corresponsales y enviadas especiales a zonas de conflicto. ¿Qué cree que falla para que ellas no sean tan reconocidas como sus compañeros periodistas?

La visibilidad, como en todas las profesiones. Cuando afirmo que está muy masculinizado lo que quiero decir es que los referentes que llegan al público suelen ser hombres porque a las mujeres, pese a que en muchos de los conflictos que he cubierto éramos mayoría, no se nos da la misma visibilidad. Se nos presupone menos rigor, no se nos toma lo suficientemente en serio, no tenemos la misma presencia en las conferencias, en las mesas redondas, en los premios que se otorgan al periodismo internacional… Es una cuestión a la que nos enfrentamos las mujeres en todos los ámbitos. Por eso yo siempre insisto en que lo que no se ve no existe. Se nos debe ver mucho más, porque estar, estamos.

¿Esta falta de reconocimiento de las mujeres corresponsales se da incluso en las facultades de periodismo?

Sí, he hecho muchas veces ese ejercicio al dar clase o al ofrecer alguna conferencia en las universidades. Pregunto a los estudiantes que me digan cinco nombres de hombres que se dedican a cubrir conflictos, en este caso que es mi ámbito, y cinco nombres de mujeres. El problema es que esos cinco nombres de hombres fluctúan, varían, pero en el caso de los cinco nombres de mujeres suelen ser siempre los mismos. Así, nos perdemos a generaciones que nos han abierto camino a las que hemos venido después, mujeres de entre 30 y 40 años que están haciendo una labor espectacular y a las que nadie conoce por su nombre.

En la actualidad, ¿el periodismo en España está dando la suficiente importancia a la información internacional?

Te voy a poner un ejemplo actual. He escuchado a mucha gente quejarse de que todo lo que está sucediendo en la actualidad no empezó el 7 de octubre con los ataques de Hamás. Y mi respuesta es siempre la misma: antes del 7 de octubre, en Jerusalén había cinco corresponsalías fijas de medios españoles, cuatro de ellas de medios públicos. Televisión Española, Radio Nacional de España, la Agencia EFE y TV3, más El País. Esos corresponsales, incluida yo misma, que hemos estado ahí antes del 7 de octubre, hemos contado ampliamente todo lo que sucedía en Gaza y en los territorios palestinos ocupados. En mis cuatro años, más todo lo previo a todo ese tiempo, he cubierto todas las ofensivas militares israelíes en Gaza, en las que nos han dejado entrar. En los cuatro años que estuve viviendo en Jerusalén, entré una media de una vez cada mes y medio, y se ha contado.

El problema es que el resto de medios de comunicación no han estado allí, y ahora que se han encontrado con que lo que está sucediendo en Gaza es una noticia de actualidad internacional que ha copado todas las portadas en los últimos ocho meses. Lo que están haciendo es lo que hacen de forma habitual: mandar a personas en absoluta precariedad, pagándoles por pieza, lo que es absolutamente inviable para vivir en una ciudad tan cara como Jerusalén. Ése es el sentir común de la profesión en lo que a la información internacional se refiere y, me temo, que a la información general: la precariedad absoluta con la que tienen que trabajar mis compañeros y compañeras, porque las direcciones de los medios de comunicación en España no invierten en información internacional y si invierten no lo hacen en unas condiciones laborales dignas para esos trabajadores y esas trabajadoras. Y esto es un drama desde el punto de vista de derechos laborales de los periodistas y para la información que llega a la audiencia.

Cuando señala que los medios pagan por piezas, ¿se refiere a que el trabajo se encarga a periodistas freelance?

Claro, la inmensa mayoría de las personas que se dedica a la información internacional y en zonas de conflicto son freelance. Así es imposible trabajar en unas condiciones de seguridad y dignas, con tu seguro, tu chaleco, tu casco, con dinero para los gastos que requiere una cobertura de conflictos, que son muchos.


Fotografía superior: Cristina Sánchez informando desde Jerusalén.