Día del Libro: El placer de leer en público

Pese a los datos del último Informe PISA, que sitúa a los estudiantes de 15 años en un claro descenso en comprensión lectora, paradójicamente cada día crece el placer por leer en público.

En este instante en el que usted lee este texto, en bibliotecas, asociaciones, reuniones laborales, aulas en centros escolares, institutos y universidades, actividades políticas y sociales… está sucediendo uno de los actos de mayor cotidianeidad; millones de voces en el planeta están leyendo en público.

Sirva como reflexión, menú de sugerencias o apunte de técnica y exploración saber que la lectura no es una mera transcripción fonética de la palabra escrita, sino un escenario que activa, en quien la escucha, la imaginación, promueve la actitud crítica, reflexión, estimula la memoria y, en la mayoría de casos, desata el disfrute y la emoción.

Bajemos a la arena. Como espectadores, en múltiples ocasiones tememos el momento en que alguien toma la escena con 20 folios en la mano y el claro objeto de leer. Cuando quien lee no utiliza adecuadamente los recursos vocales, gestuales o corporales, y carece además de la debida proyección energética, el auditorio pierde su nivel de atención hasta llegar a la total desconexión.

¿Por qué un acto que debiera ser considerado una de las Bellas Artes alcanza en algunas ocasiones niveles de tedio, cuando nuestro background nos permite revivir en la memoria lejana, en el feliz territorio de la infancia, aquella voz que nos leía un cuento? ¡No apagues la luz! Le pedíamos una y otra vez que continuara leyendo, pues sentíamos el auténtico estado de encantamiento.

Leer en público requiere entender el concepto de liturgia (ordenar los elementos escénicos) y aplicar la técnica fonética que requiere cada texto.

En cada lectura, como en cada acto de comunicación, se manifiesta nuestra proyección energética, que incluye el nivel e intensidad de nuestro contacto ocular, la tipología de movimientos (rígidos o flexibles, rápidos o lentos), postura corporal (escorada, tensa, relajada…), movimiento espacial, grado de entusiasmo, emoción e incluso la intención (honestidad, dirigismo, manipulación, participación, cooperación…). Esta tabla de elementos tiene gran incidencia en el resultado de nuestro acto comunicativo. Si conocemos los instrumentos y realizamos un uso consciente incrementaremos el nivel de atención y disfrute.

Cuando leemos en público con las debidas inflexiones, ritmo, pausas, entonaciones… nos adentramos en el texto con un alto nivel de concentración que contrarresta nervios y miedos.

Es imprescindible practicar la lectura previa (conocer el contenido que vamos a leer) para evitar disidencias que, por sorpresa, revelan nuestra contradicción entre lo que pensamos y lo que decimos o lo que es igual, incoherencia entre el tono de voz, los gestos y movimientos.

En un alto porcentaje de casos leer en voz alta representa un reto incluso mayor que hablar en público. Es conveniente marcar el ritmo adecuado que permite, tanto a quien lee como a su receptor, una mejor comprensión del mensaje, así como la decisión, de este último, de archivar conscientemente en la memoria y posicionarse con un seguimiento neutral, de adhesión, crítico, rechazo, disfrute o en cualquier otra actitud, pues la escucha siempre es activa y toda lectura provoca una reacción.

Leer en público es, por tanto, un acto que requiere tratar el texto como una partitura. Contribuir a mejorar la comprensión lectora de quienes escuchan y provocar la fascinación debe ser nuestra próxima estación.

Buena lectura. Buen viaje.

 

Coral Pastor
Actriz y comunicadora. Directora del  Ciclo de Lectura Dramatizada
Laboratorio de Teatro Mediterráneo