Guillermo Ardizone: «España ha estado en momentos muy importantes de la historia reciente tunecina mostrando su acompañamiento y apoyo a la transición democrática en el país»

La próxima sesión del ciclo ‘Geoestrategia y el Mediterráneo’ dirige su mirada a Túnez, un país que desde la Revolución que desencadenó la caída del régimen de Ben Ali el 14 de enero de 2011 avanza con paso firme hacia la consolidación democrática. La charla abordará, entre otros asuntos, la actual situación del país diez años después de estos acontecimientos, su posición estratégica en el espacio mediterráneo, las relaciones bilaterales con España y las alianzas con la UE, el impacto de la pandemia mundial y sus principales desafíos de la mano del Embajador de España en Túnez, Guillermo Ardizone, y el especialista en estudios árabes e islámicos y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid Bernabé Lopez García.

El encuentro, moderado por el General en la Reserva Demetrio Muñoz, se celebrará el lunes 22 de febrero a las 19:00 horas en formato virtual en la página web de Casa Mediterráneo. Con anterioridad, mantuvimos una entrevista telefónica con Guillermo Ardizone, Embajador de España en Túnez desde julio de 2018.

Las revueltas ciudadanas de 2011 acontecidas en el mundo árabe en la mayoría de los casos desembocaron en fracaso, excepto en Túnez, donde se inició un proceso de transición hacia un sistema más democrático y participativo. Una década después, ¿los avances legislativos han traído consigo mayores niveles de bienestar para la población tunecina?

La Revolución de 2011 trajo de su mano un cambio profundo en Túnez. Este cambio y la propia Revolución, así como la consolidación de la transición en el país, constituyen un caso bastante especial en la región y tienen múltiples razones, entre otras, históricas. Túnez siempre ha sido un país con sus rasgos diferenciadores que han hecho, en cierta medida, que aquí cuajara y se arraigara la transición democrática. Entonces, en efecto, la Revolución y todo el proceso posterior conllevó un arraigo de las libertades, la consolidación de los derechos humanos fundamentales en Túnez y también cambios institucionales importantes que tienen su reflejo en la Constitución de 2014.

Todo ese edificio institucional creado es el que ahora está en funcionamiento, pero evidentemente la sociedad en 2011 cuando se produjo la Revolución reclamaba más margen y espacios de libertad y de participación en la vida política, pero también empleo e inclusión económica y social. En ese ámbito, en un proceso complejo de transición democrática, es donde se están buscando los dividendos económicos y de tal forma que la prosperidad llegue a todos. El proceso no es sencillo, porque aparte de que requiere una transformación en muchos ámbitos económicos y sociales, en la propia estructura económica del país, al mismo tiempo se ha cruzado una serie de elementos que han dificultado mucho ese desarrollo. El fenómeno terrorista en 2015 tuvo mucho impacto y ahora la crisis sanitaria del Covid ha exacerbado los problemas que Túnez ya tenía desde hacía tiempo. Quizás de todo esto lo que hay que sacar es la resiliencia de la sociedad, que quiere preservar el espacio de libertad y de avance democrático que ha tenido en todos estos años a pesar de las dificultades socioeconómicas.

Pero, en efecto, el gran desafío que a mi modo de ver tiene el país en los próximos años es precisamente construir un sistema económico más inclusivo, con mayor cohesión territorial y una serie de retos que son los propios de cualquier país en transición democrática. En España sabemos bien lo que fueron los difíciles años posteriores a la aprobación de la Constitución. El país tenía un referente y un horizonte que era la adhesión a la Unión Europea, un motor adicional con el que contábamos, y Túnez además de la crisis de la seguridad en 2015 y la actual sanitaria tiene un contexto regional complicado, con el conflicto en Libia, un entorno que no es sencillo. A pesar de todo, como digo, el país ha seguido adelante, con dificultades como las que todos tenemos, pero ha mantenido su apuesta por un Estado democrático y de derecho y con miras a crear una economía más inclusiva y cohesionada.

En referencia al terrorismo islamista, entre 2012 y 2015 hubo una serie de graves atentados, entre ellos el del Museo del Bardo que causó dos víctimas mortales españolas. Combatirlo ha sido una de las prioridades para los gobiernos tunecinos desde el inicio de la transición democrática. Aunque este fenómeno parece haberse relajado, ¿sigue suponiendo una seria amenaza en la actualidad?

Yo creo que a nadie se le oculta que la amenaza terrorista sigue presente en Túnez, en cualquier país de la región y en Europa. En los años 2016 y 2017 hemos vivido atentados muy graves en París, Londres, Hamburgo, Bruselas, en España… Hemos tenido todas estas experiencias y nuestras sociedades son conscientes de esa amenaza. Túnez también lo es, lo ha vivido en su propio país. En efecto, 2015 fue un año especialmente difícil, pero no creo que se haya perdido la percepción de la gravedad del tema, al contrario, aquí se es muy consciente y considero que es uno de los ámbitos en los que el país ha sido capaz de afrontar el desafío con una labor integrada de todas las instituciones del Estado encargadas de la seguridad, pero también con una toma de conciencia por parte de la sociedad civil en su conjunto que ve en la lucha en general contra el extremismo violento y el radicalismo un objetivo estructural.

No sólo las Fuerzas de Seguridad del Estado, sino también la propia sociedad civil estructurada en Organizaciones No Gubernamentales y asociaciones profesionales están luchando contra el relato radical y la violencia en todas sus formas, ya sea terrorista o de género. Es decir, el abordaje de la agresividad, la violencia y el radicalismo a través de la educación, de la toma de conciencia, de un trabajo en los medios de comunicación, en redes sociales a todos los niveles, constituye un desafío que la sociedad está afrontando. Y por lo que hemos visto en los años posteriores a 2015 se observa una contención del problema, a pesar de la amenaza constante del conflicto que se libra en la frontera con Túnez, que quizás es el país de la región que más lo ha sufrido. 

[su_quote]Desde 2011 Túnez gira alrededor de una serie de principios y de valores que son los de la Unión Europea, lo cual nos aproxima aún más.[/su_quote]

Por su situación geográfica, Túnez mantiene estrechas relaciones con sus vecinos del Magreb y el resto de países del arco mediterráneo. ¿Cómo se articulan sus relaciones con la Unión Europea, de la que Túnez es un socio privilegiado?

Por supuesto, Túnez ha sido siempre muy consciente de ese vínculo que tiene con Europa. Hay razones históricas muy antiguas. El Mediterráneo ha sido un espacio donde ha habido enfrentamientos, episodios de guerras hace siglos, pero también un espacio fructífero de encuentros. Y Túnez creo que ha sido siempre consciente de eso. De hecho, es uno de los países que más decididamente trabaja con la Unión Europea, desde 1995 cuando se lanza el Proceso de Barcelona, y se trata del primer país de la zona que firma un Acuerdo Euromediterráneo con la UE. Ese año, también España firma un acuerdo de cooperación y amistad con Túnez y se ve que hay una clara conciencia por parte del país de su proximidad, no solamente geográfica, sino también cultural, humana y de todo tipo con Europa.

Desde 2011 además Túnez gira alrededor de una serie de principios y de valores que son los de la Unión Europea, lo cual nos aproxima aún más. La democracia, el Estado de derecho, los derechos fundamentales forman parte ya de la realidad tunecina. Y desde el punto de vista comercial, el mercado europeo absorbe el 70% de las exportaciones tunecinas, por lo tanto es muy importante para el país. Además, hoy en día los desafíos de tipo global, como la transición ecológica, la transformación digital, la lucha contra la epidemia del Coronavirus y todas las amenazas sanitarias y medioambientales, obviamente, son espacios que interesan y hacen que ambas partes, Túnez y la Unión Europea, no solamente tengan unas relaciones intensas, sino que estén llamadas a reforzarse.

¿Cómo definiría las actuales relaciones bilaterales entre España y Túnez?

Guillermo Ardizone

Son unas relaciones bilaterales muy cordiales, intensas, pero que tienen todavía mucho espacio para crecer. España, por razones históricas muy antiguas está muy vinculada a Túnez, así como Túnez a España. El Mediterráneo ha sido el conducto de esa relación intensa, y España más recientemente ha estado muy conectada a la historia de Túnez. La primera visita de un presidente del gobierno europeo a Túnez tras la Revolución fue la del Jefe del Gobierno español. Su Majestad El Rey, en aquella época todavía Príncipe de Asturias, en 2014 asistió al acto de aprobación de la Constitución tunecina. Estuvo también recientemente en las exequias del difunto Presidente de la República Beji Caid Essebsi, en un momento muy importante políticamente para el país y muy difícil como el fallecimiento del Jefe del Estado, precisamente cuando iba a iniciarse el proceso electoral de 2019. Es decir, España ha estado en momentos muy importantes de la historia reciente tunecina mostrando su acompañamiento y apoyo a la transición democrática en el país. Eso, obviamente, ha tenido también su reflejo en el contenido de las relaciones.

En 2018 se celebró una reunión de alto nivel, era la octava de esta naturaleza en Túnez, a la que asistió el Presidente del Gobierno español acompañado por seis ministros y se estableció una agenda bilateral conjunta para desarrollar. Fruto de ella ha sido el desarrollo de una serie de iniciativas muy necesarias en el país, como el establecimiento de una línea de crédito de 25 millones de euros para financiar pequeños y medianos proyectos o la aprobación de un fondo de tres millones de euros dirigido a aquellas personas que no estaban bancarizadas y carecían del acceso necesario para emprender pequeños proyectos, mediante microcréditos.

Además, en estos momentos España está desarrollando una acción concreta en el ámbito de la investigación, el desarrollo y la innovación mediante un hermanamiento con Túnez financiado por la Unión Europea, que ha puesto en contacto al ecosistema institucional de ambos países. Investigación científica aplicada a la innovación y a la producción industrial. Es decir, que apostamos ya no solamente por el mantenimiento de las relaciones bilaterales institucionales, sino que miramos hacia el futuro y estamos intentado desarrollar una agenda bilateral en la que tienen mucha importancia la sociedad civil y los agentes económicos.

En Túnez hay en estos momentos unas 60 empresas españolas que de una forma o de otra, a través de partenariados, de participación de capital, se hacen presentes en el país y realizan inversiones. El otro día la FIPA, el órgano que promueve las inversiones en Túnez, decía que entre los diez primeros inversores en el país se encuentra España. Evidentemente, el margen de mejora es amplísimo, y de hecho tenemos que aspirar a estar más presentes a través de nuestras empresas y de los intercambios comerciales. Para ese fin en 2017 se creó una Cámara Hispano-Tunecina de Comercio e Industria que hace de vehículo y acompañamiento para el establecimiento de relaciones comerciales entre empresas españolas y tunecinas. Y luego, por supuesto la labor del ICEX y de la Oficina Comercial en Túnez consiste precisamente en tejer relaciones más profundas. Pero ése es uno de los aspectos que tenemos que intentar potenciar. Túnez debe también ofrecer un marco de seguridad jurídica y de reforma de todos aquellos elementos que permitan incentivar que las empresas españolas se instalen con más decisión en el país.

En definitiva, tenemos unas relaciones bilaterales muy amplias, en muchos ámbitos y entre ambas partes tenemos que ir dotándolas de mayor contenido. Es un trabajo de años y de constancia, pero desde luego la voluntad por las dos partes está ahí, así como la interlocución y el deseo de que esas relaciones sean cada vez más estrechas, tanto bilaterales como hacia la Unión Europea.

Por último, ¿qué imagen tienen los tunecinos de España? 

Yo creo que es algo recíproco. La percepción que tienen los españoles de los tunecinos y viceversa es de simpatía, pero no frívolamente, sino producto de muchos siglos de relación. En Túnez el legado andalusí es una herencia muy importante. Los tunecinos que son de origen andalusí lo tienen a gala, es una procedencia prestigiosa y por lo tanto esos vínculos los conservan en la memoria colectiva.

Eso facilita mucho las cosas porque se ve a España como un país amigo, que ha experimentado una transición difícil hacia la democracia, que ha sufrido problemas de terrorismo, económicos y sociales y tiene ante sí desafíos compartidos, que son también los de Túnez. Como he dicho antes, la transformación digital, la transición ecológica, la cohesión territorial… son todos desafíos que existen en Túnez y hacen que nos entendamos bien cada vez que hablamos el uno del otro. La percepción, como digo, es muy positiva y es una de las bases que tenemos que utilizar para ir más lejos en las relaciones bilaterales.