José Manuel Galán: «Los orígenes de nuestra cultura están al otro lado del Mediterráneo»

Desde sus inicios, los hallazgos en el Antiguo Egipto han despertado una enorme fascinación en todo el mundo, también entre los españoles, pero por diversas razones esta atracción no se ha correspondido con el interés político y académico necesarios para impulsar las investigaciones desde nuestro país. Pese a todo, las misiones españolas emprendidas en las tierras de los faraones han deparado importantes descubrimientos. Con el fin de conocer el papel de la arqueología española en Egipto desde el siglo XIX hasta nuestros días, Casa Mediterráneo ha organizado un encuentro con José Manuel Galán Allué, profesor del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y director del Proyecto Djehuty, una iniciativa inicialmente dirigida a sacar a la luz en Luxor las tumbas de dos altos dignatarios al servicio de la administración real en torno al año 1500 a. C., que en las sucesivas campañas llevadas a cabo a lo largo de veinte años ha producido otros grandes hallazgos.

Enmarcada en el ciclo ‘Historias del Mediterráneo’, la charla tendrá lugar el viernes 19 de febrero a las 19 horas en la web de la institución diplomática y será presentada por el Embajador Dámaso de Lario. Como antesala al evento, mantuvimos una entrevista con José Manuel Galán, quien los habló de la importancia del Proyecto Djehuty y de otras misiones españolas actualmente en marcha en el país, de los obstáculos para sacar adelante las investigaciones y de las sorprendentes e insospechadas aportaciones de los antiguos egipcios a nuestra cultura.

José Manuel Galán es profesor de Investigación del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Estudió Historia Antigua en la Universidad Complutense de Madrid, licenciándose en 1986. Al año siguiente, se marchó a Estados Unidos a estudiar Egiptología, gracias a una beca que le concedió la propia universidad americana Johns Hopkins (Baltimore). Allí estudió seis años con los profesores Hans Goedicke y Betsy Bryan entre otros, doctorándose en junio de 1993. En el año 1994, obtuvo una beca posdoctoral Alexander von Humboldt de investigación en el Ägyptologisches Institut de la Universidad de Tübingen (Alemania).

En enero de 1995 se incorporó al Consejo Superior de Investigaciones Científicas como «investigador contratado», adscrito al Instituto de Filología. En el año 2000 ganó las oposiciones para ser Científico Titular del CSIC. Su tesis doctoral fue publicada en 1995 dentro de la serie alemana de monografías de Egiptología Hildesheimer Ägyptologische Beiträge, con el título ‘Victory and Border: Terminology related to Egyptian Imperialism in the XVIIIth Dynasty’. En castellano, ha publicado los libros: ‘Cuatro Viajes en la Literatura del Antiguo Egipto’ (CSIC, Madrid, 1998, 2ª ed. revisada en el 2000) y ‘El imperio egipcio: Inscripciones (ca. 1550-1300 a. C.)’ (Trotta, Madrid, 2002). 

Sobre la trastienda del Proyecto Djehuty, el desarrollo de la investigación y las cuatro primeras campañas arqueológicas, ha publicado la obra ‘En busca de Djehuty: crónica de una excavación arqueológica en Luxor’ (National Geographic-RBA, Barcelona, 2006). Es autor de medio centenar de artículos de investigación, publicados en revistas internacionales especializadas, como Journal of Egyptian Archaeology (Londres), Journal of Near Eastern Studies (Chicago), Chronique d’Égypte (Bruselas), Zeitschrift für Ägyptische Sprache (Leipzig-Berlin) o Studien zür altägyptischen Kultur (Hamburgo).

¿Cómo fueron los orígenes de la arqueología española en Egipto en el siglo XIX, en una época en la que las investigaciones estaban monopolizadas por ingleses, alemanes y franceses?

José Manuel Galán

La egiptología, al igual que otras disciplinas de la ciencia, está muy ligada a la política, en este caso a la política exterior y colonial. En el siglo XIX, España tenía sus intereses colonialistas centrados en América, como es lógico, y en Marruecos. Por lo tanto, Egipto le pillaba muy lejos y fuera de sus intereses políticos inmediatos. Egipto fue terreno del imperialismo inglés, francés y, en menor medida pero también, italiano y alemán. Y ese desinterés político hizo que también desde el punto de vista científico la egiptología quedara fuera del panorama académico español.

El primer intento serio de vincularnos a la egiptología fue la fragata Arapiles, que se envió por el Mediterráneo en el año 1871 para comprar antigüedades con la desgracia de que comenzó en Italia, siguió por Grecia, pasó por Turquía y cuando llegó a Egipto se había quedado sin dinero, de tal manera que sólo pudo adquirir el busto de un faraón ptolemaico. Cuando solicitaron desde Alejandría que les enviaran más dinero, el Estado español se negó y tuvieron que volver a casa. Ahí quedó frustrada la posible compra de antigüedades egipcias para el Estado español.

Luego, años después, apareció en escena un diplomático, Eduardo Toda y Güell, que fue cónsul en Egipto en los años 1884-86. Se hizo amigo de los egiptólogos que vivían en El Cairo por entonces, participó en la documentación del hallazgo de una tumba intacta y maravillosa en Luxor, la tumba de Sennedyem, y el primer informe arqueológico que hay de ella se escribió en castellano. La publicó en la Academia de la Historia Eduardo Toda. Fue además un coleccionista que acabó donando parte de su colección al Museo Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú y vendiendo la mayor parte al Museo Arqueológico Nacional. De hecho, gran parte de la colección actual de este museo se le compró al diplomático.

Otra pequeña piedra vino de la amistad que tenía el Duque de Alba con Howard Carter, el descubridor de la tumba de Tutankamón. El Duque de Alba era además presidente de una asociación hispano inglesa y a través de su papel diplomático se hizo amigo de Carter. El segundo ciclo de conferencias que impartió Howard Carter después de su descubrimiento, tras anunciarlo en la Sociedad Geográfica Escocesa, fue precisamente en Madrid en la Residencia de Estudiantes en 1924 por invitación del Duque de Alba. En ese momento, el que era el director del Museo Arqueológico Nacional, José Ramón Mélida, acompañó a Carter, lo llevó al Museo del Prado, a Toledo… e intentó aprovechar su visita para que el mundo académico español se abriera a la egiptología, pero no tuvo mucho éxito y de nuevo quedó frustrada su relación con España.

[su_quote]A pesar de que España no tenía tradición egiptológica, pero sí arqueológica, Martín Almagro compuso un equipo para ir a Nubia durante varias campañas, donde hicieron un trabajo ímprobo: documentaron yacimientos y lugares arqueológicos desde la prehistoria hasta las épocas cristiana e islámica.[/su_quote]

Otro director del Museo Arqueológico Nacional, Martín Almagro Basch, a pesar de ser un gran prehistoriador de la península ibérica, fue consciente de la importancia del Antiguo Egipto en nuestra cultura y sociedad para el conocimiento de la humanidad. Aprovechó un llamamiento de la UNESCO cuando se construyó la segunda presa de Asuán y se iba a inundar una gran parte de la zona sur de Egipto y el norte de Sudán para iniciar una campaña arqueológica española en Nubia entre los años 1960 y 1966. Y a pesar de que España no tenía tradición egiptológica, pero sí arqueológica, Martín Almagro compuso un equipo para ir a Nubia durante varias campañas, donde hicieron un trabajo ímprobo: documentaron yacimientos y lugares arqueológicos desde la prehistoria hasta las épocas cristiana e islámica, se publicaron once volúmenes de memorias arqueológicas. Gran parte de los hallazgos de arte nubio pudieron venir a España y se exhiben hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Realmente, fue importante. Además, gracias a la participación española en el salvamento de estos yacimientos que quedaron inundados por el Lago Nasser, Madrid recibió el Templo de Debod y también el Museo Arqueológico Nacional consiguió el permiso para excavar en uno de los yacimientos más importantes de Egipto, que es Heracleópolis. El museo todavía mantiene excavaciones allí, hoy dirigidas por María Carmen Pérez Die.

Lo que resulta curioso, como se vio también en la visita de Howard Carter a Madrid, es que a pesar de la pasión que siente la gente en general por el Antiguo Egipto el mundo académico siempre se ha resistido, por distintas razones. Pese a esa resistencia, hoy en día hay varios grupos españoles excavando en Egipto, cosa que resulta chocante con tanta adversidad alrededor. Además de las excavaciones de María Carmen Pérez Die en Heracleópolis, la Universidad de Barcelona tiene unas fenomenales en Oxirrinco, la Universidad de Jaén en 2008 comenzó otras en Asuán, la Universidad de La Laguna está excavando en Luxor, donde también desde el CSIC llevamos 20 años trabajando…. A pesar de la resistencia académica a abrirle un hueco a la egiptología recientemente han ido surgiendo grupos españoles que están haciendo grandes aportaciones en este campo.

¿Además de la resistencia académica, es complicado obtener financiación para las campañas arqueológicas?

Sí, la financiación es terrible. Con la Transición española y la división del territorio nacional en comunidades autónomas la gestión del patrimonio y la cultura se transfiere a las administraciones autonómicas y lógicamente éstas velan por el patrimonio de su propio territorio. El caso es que ya nadie vela por una visión más amplia de la cultura y de la sociedad. El Estado se ha desprendido de esa misión suya de proteger y fomentar el estudio del patrimonio, lo ha delegado en las comunidades autónomas y éstas, como es lógico, miran por sus intereses. Pero entonces, ¿quién vela por otras visiones y otras acciones? El Ministerio de Cultura dedica a las excavaciones en el extranjero muy poco dinero y con él se hacen maravillas, pero no tenemos absolutamente nada que hacer frente al Instituto Arqueológico Francés, el Instituto Arqueológico Alemán, los ingleses, los americanos y ni siquiera los italianos, los daneses o los holandeses. Ahí tenemos un vacío y, efectivamente, los problemas financieros son la primera piedra que debemos saltar. La siguiente, por desgracia, es la burocracia. Por distintas razones en los últimos años la burocracia en la investigación es terrible. Si la falta de dinero dificultaba los trabajos, el aumento de la burocracia ya nos ata de pies y manos.

¿Se refiere a la burocracia a la hora de emprender excavaciones el extranjero?

Sí, la burocracia para investigar. El drama hoy de la investigación es que al investigador científico se le considera, de entrada, un delincuente y tiene que demostrar su inocencia aportando 18.000 papeles cada vez que quiere comprar un pendrive de 15 euros. Y eso hace que la gestión de un equipo grande, que necesita recursos para excavar en Egipto, sea muy dificultosa. También te vas curtiendo, somos como salmones nadando contracorriente y desde luego en este contexto cada una de las misiones españolas fuera tiene un mérito increíble.

Equipo del Proyecto Djehuty en la campaña 2012.

Cuando nosotros empezamos en el año 2002 éramos muy ingenuos e inocentes, pero tuvimos la suerte de dar con Telefónica Móviles, que nos patrocinó las cinco primeras campañas, lo que nos posibilitó poner en marcha el proyecto y empezar a andar. Luego nos patrocinó la Fundación Caja Madrid, Unión Fenosa Gas, ahora Técnicas Reunidas. Hemos tratado de combinar el patrocinio público con el privado y eso hasta ahora nos ha permitido disponer de más fondos que otras misiones. No obstante, actualmente con la crisis hay menos fondos, tanto públicos como privados.

Cuando comenzamos sólo se veía la entrada a la tumba de Djehuty, ubicada al lado del poblado moderno de Dra Abu el-Naga, en la orilla occidental de Luxor. Yo, de forma un tanto naíf, pensaba que era un proyecto para cinco años o un poco más, pero llevamos veinte y nos quedarían cien por delante si tuviéramos dinero, fuerzas y vida (risas). A medida que fuimos excavando alrededor fueron saliendo a la luz más enterramientos de distintas épocas. Tenemos enterramientos desde el año 2000 antes de Cristo, hace 4.000 años, hasta época grecorromana. Hay hallazgos de todo tipo, no sólo tumbas; ramos de flores, pizarrines de escuela, toneladas de telas, algunas inscritas y decoradas… Hace unos años descubrimos a la entrada de una tumba un jardín construido en adobe y con barro, que todavía conservaba dentro las semillas que se plantaron hace 4.000 años. Tenemos momias de animales… un montón de cosas.

El problema es ése, que el proyecto ha ido creciendo en tamaño y en importancia, y a pesar de nuestros éxitos (tenemos muchas piezas expuestas en el Museo de Luxor, dos documentales en Televisión Española…) cada vez cuesta más sacarlo adelante.

¿Está previsto que las tumbas se abran al público?

Sí, ésa es nuestra siguiente meta. Las dos tumbas principales, la de Djehuty que es del año 1470 a.C., y la de su vecino Hery, que es cincuenta años más antigua, estamos hablando en torno al año 1500 antes de Cristo, están enteramente decoradas en relieve. Las hemos excavado, restaurado, iluminado y ahora ya estamos dando los últimos retoques para acondicionarlas y abrirlas al público en condiciones. Nuestro plan es ofrecérselas ya terminadas, en el año 2022, al Ministerio de Antigüedades de Egipto para que considere la posibilidad de abrirlas al público.

Además de ellas, a la entrada se encuentran todas las otras tumbas que hemos ido sacando a la luz, incluyendo ese jardín, del que hemos hecho una réplica con una empresa española, debido a su fragilidad. La hemos colocado encima del original, que queda tapado y protegido, pero el visitante que se acerque a ver las tumbas podrá ver la réplica de este jardín de hace 4.000 años. El yacimiento va a quedar muy vistoso, muy visitable y creo que sin duda al Ministerio de Antigüedades de Egipto le parecerá genial abrirlo al público.

[su_quote]Uno de los grandes hallazgos del proyecto fue la cámara funeraria del protagonista que le da nombre, Djehuty, que estaba enteramente escrita, paredes y techo, con pasajes del Libro de los Muertos.[/su_quote]

La cámara sepulcral de Djehuty debe ser bastante impresionante, ya que sus paredes y el techo están cubiertos con textos del Libro de los Muertos.

Sí, pero a esa capilla los visitantes no podrán descender porque se accede a través de un pozo de ocho metros, hay una sala, luego otro pozo de tres metros y resulta complicado. Uno de los grandes hallazgos del proyecto fue la cámara funeraria del protagonista que le da nombre, Djehuty, que estaba enteramente escrita, paredes y techo, con pasajes del Libro de los Muertos. Y es un documento de tipo religioso, pero también social, filosófico y cultural de primera magnitud. Ahora estamos preparando su publicación científica. Junto con el jardín y otros descubrimientos fue un hallazgo de los que marcan hito.

Por último, me gustaría preguntarle si al escarbar en el Antiguo Egipto, los españoles podemos encontrar  referencias de nuestros orígenes.

A nosotros siempre nos han enseñado desde pequeños que los orígenes de nuestra cultura occidental estaban en Grecia y allí a través de Roma, pero en realidad ya los propios griegos pensaban que las raíces de su cultura procedían de Egipto y Mesopotamia. Ellos se sentían herederos del saber oriental. Al igual que nosotros ahora viajamos a las universidades de Estados Unidos, ellos viajaban a Egipto a empaparse de conocimientos de matemáticas, de medicina, de veterinaria, de astronomía… El saber estaba en las bibliotecas de Mesopotamia y Egipto, sin duda alguna.

Y muchas cosas que nosotros creemos nuestras, realmente tienen su origen en Egipto. Por ejemplo, despedir a los difuntos con flores y decorar con ellas sus tumbas en el cementerio es una costumbre que viene del Antiguo Egipto. La palabra egipcia para flor era la misma que para vida, “ang”, entonces ofreciendo tus flores a alguien, haciendo un juego de palabras, de alguna forma era como si le desearas la vida. Por eso los egipcios desarrollan la costumbre de llevar flores a los muertos como una manera de expresarles el deseo de que renazcan en el más allá. Esa costumbre nosotros la hemos heredado de los antiguos egipcios. También el paso de Semana Santa. Los egipcios tenían la estatua del dios principal escondida en el Sancta Sanctorum del templo, sólo la podían ver los sacerdotes, pero en ocasiones puntuales la sacaban en volandas, como en un paso de Semana Santa, la llevaban en procesión a visitar otro templo y era el momento en el que la gente del pueblo llano podía acercarse a la divinidad. Y le rezaba y le cantaba, como las saetas. Tenemos escritas en piedra las canciones de la gente corriente que le cantaba a la divinidad durante las procesiones. Eso existía en el Antiguo Egipto de hace 4.000 años, nada que ver con el cristianismo ni con nuestra civilización.

También de allí procede, por ejemplo, nuestra idea del Juicio Final y del más allá. Los egipcios creían que había que conseguir la vida eterna y ganarse el paraíso. Y eso se lograba comportándose en vida de acuerdo a unos valores morales. Ellos lo expresaban diciendo: “Yo di de comer al hambriento, di de beber al sediento, fui un padre para el huérfano, un marido para la viuda…”. Esos valores morales se expresan en Egipto en la época de las pirámides, en el año 2.500 antes de Cristo. Esa idea de que te juzgan según tu comportamiento en vida, te ganas la vida eterna y hay un juicio final está presente en Egipto.

Nosotros hoy en día pensamos que nuestras raíces, nuestros antepasados están en el suelo donde pisamos, pero en realidad no sólo somos físicos, sino también espirituales, culturales, y los orígenes de nuestra cultura, nuestra forma de pensar, de ver la vida, de entender los problemas, curiosamente están al otro lado del Mediterráneo. Cuando estudias el Antiguo Egipto y en detalle aspectos de la religión o de la cultura te das cuenta de que tenemos muchísimo en común. Eso es lo que justifica de alguna forma que vayamos a investigar y nos interesemos por el Antiguo Egipto, porque es nuestro pasado.

Toda la información del Proyecto Djehuty puede consultarse en su web excavacionegipto.com y página de facebook.