En el marco del seminario Migraciones en el Mediterráneo. Retos y prácticas de acogida e inclusión, que se celebrará los días 17 y 18 de septiembre en Casa Mediterráneo, Alicante se convierte en punto de encuentro para el diálogo y la reflexión sobre uno de los fenómenos actuales más complejos: los desplazamientos de personas que por motivos económicos, políticos, sociales o ambientales se ven forzados a abandonar su lugar de origen en busca de mejores condiciones de vida.
Esta cita, organizada por Casa Mediterráneo en colaboración con Casa África y Casa Árabe, reunirá a representantes institucionales, expertos académicos y entidades sociales con el objetivo de analizar los desafíos y oportunidades que plantea la movilidad humana en la región mediterránea.
Por este motivo, conversamos con José Segura Clavell, director general de Casa África. Desde su sede en Las Palmas de Gran Canaria, la institución que él dirige lleva casi dos décadas desempeñando una labor clave de diplomacia pública entre España y el continente africano. En esta entrevista, Segura Clavell aborda el papel de las instituciones en la construcción de un relato más humano sobre las migraciones, la importancia del diálogo con los países de origen y tránsito, y la necesidad de generar espacios que fomenten la comprensión y el rechazo a la desinformación y los discursos xenófobos.
Desde su creación en 2006 Casa África ha sido históricamente un puente entre España y el continente africano, ¿cuáles son sus líneas de trabajo?
Ejercemos, desde nuestra sede en Las Palmas de Gran Canaria, la diplomacia pública con el continente africano, siempre con la perspectiva clara del que ha sido el lema de la institución cada día: que África y España estén cada vez más cerca.
Tengan en cuenta que Casa África nace en 2006 (y se inaugura en 2007), en un momento muy importante: en medio de la llamada crisis de los cayucos, que se desarrolló entre 2006 y 2008. Era necesaria una institución que generase actividades de diplomacia pública para fomentar un mejor conocimiento mutuo, en un momento en que resultaba fundamental normalizar y alejar de estereotipos todo lo relacionado con el continente más estereotipado de todos: el africano.
Y, casi 20 años después, en ello seguimos. En los últimos años, hemos aplicado planes estratégicos trianuales de la institución, en los que hemos querido poner el foco en ámbitos como el impacto del cambio climático en África, el papel de la mujer en el continente y las migraciones.
La institución está ubicada en Canarias, punto clave de las rutas migratorias atlánticas, y de hecho los fenómenos migratorios es un tema prioritario para la Casa. Desde ella se ha apostado por una labor de diplomacia pública centrada en la sensibilización y la lucha contra la desinformación.
Como punto de entrada de una de las principales rutas migratorias desde el continente africano hacia Europa —en lo que los medios de comunicación llaman la Ruta Canaria—, siempre entendimos que, sin tener competencias directas en la materia, debíamos jugar un papel como espacio de diálogo, de estudio y de conocimiento de este fenómeno.
Ejercer realmente como un actor de diplomacia pública, no solo con nuestros vecinos africanos, sino también con y entre todos los actores que, en el Archipiélago, están directamente implicados en la gestión de las migraciones.
Así que lo que hemos querido es ser un punto de encuentro: un espacio libre donde todos puedan sentarse en una mesa y ayudar a entender mejor tanto los procesos relacionados con esta cuestión —fíjense que nunca hablamos de problema migratorio— como, especialmente, las causas que lo originan.
Ayudar a entender, desde todos los ángulos posibles, qué lleva a jóvenes a subirse a un cayuco o a una patera y jugarse la vida, sabiendo que las posibilidades de naufragar en el camino son altísimas.
Eso nos ha permitido organizar y acoger iniciativas muy diversas, para estudiar desde las causas socioeconómicas en los países de origen y tránsito, hasta el impacto en la salud mental que ocasiona el trayecto y la llegada en los migrantes, especialmente en mujeres y niños.
Todo siempre con el ánimo de sensibilizar, de entender y empatizar y, sobre todo, de rechazar los comportamientos racistas y xenófobos.
La crisis migratoria es un reto compartido tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo, donde confluyen algunas de las rutas más transitadas y peligrosas del mundo. En este escenario, ¿qué papel pueden desempeñar instituciones como Casa África y Casa Mediterráneo? ¿Qué sinergias se podría establecer entre ambas para afrontar conjuntamente el reto migratorio?
Entiendo que son cuestiones muy similares, en las que solo cambian cíclicamente los flujos y las rutas, en función de factores cambiantes y de entornos de gran complejidad. En este sentido, creo que ambos podemos aprovechar la experiencia, la red de contactos y el conocimiento que, desde la diplomacia pública, cada una de las Casas sigue construyendo para explicar las migraciones a nuestra sociedad, y lograr que una realidad que es absolutamente imposible de detener no divida ni enfrente a nuestra ciudadanía.
Desde su experiencia al frente de Casa África, ¿qué papel juegan los países del África subsahariana y del norte de África en la construcción de soluciones migratorias más humanas y sostenibles?
Es obvio que no es viable la gestión de las migraciones sin una relación sincera con nuestros vecinos. Yo, personalmente, tengo la suerte —y creo que eso puede ayudar a explicar por qué llegué a Casa África— de haber vivido desde dentro, como delegado del Gobierno en Canarias, la crisis de los cayucos que le mencioné, entre 2006 y 2008.
Allí ya tuvimos claro que la prioridad principal para poder gestionar esta cuestión era el diálogo con los países de origen y tránsito de los migrantes. El diálogo y una estrecha colaboración son fundamentales para el que, para mí, siempre debería ser el objetivo compartido: evitar que haya muertes en el mar, estableciendo vías legales y seguras para el tránsito, y ahondando en fórmulas tan positivas como la migración circular, por ejemplo.
Nosotros hemos visto, en países vecinos, cambios recientes muy interesantes en la percepción social de la salida de los cayucos. Tragedias de cayucos con varios centenares de ocupantes —en algunos casos, con muchos procedentes de un mismo pueblo— han hecho que, socialmente, ya se perciba la aventura migratoria de otra forma, al darse cuenta de que el riesgo y el peligro son reales y de que impactan de forma trágica en una comunidad.
A menudo, las migraciones africanas se abordan desde una narrativa de crisis. ¿Es hora de cambiar el relato?
Desde luego, lo primero que debemos hacer es recordar que el fenómeno de la migración desde el continente africano por vía marítima es, numéricamente, ínfimo respecto a la cantidad de migrantes que llegan y se instalan en nuestro país. Además, en África, el número de personas que se la juegan intentando el salto a Europa es también muy pequeño en comparación con los números de la migración intraafricana.
«El relato sobre las migraciones en los medios de comunicación está abrumadoramente centrado en el recuento de pateras y cayucos.»
Por el contrario, el relato sobre las migraciones en los medios de comunicación está abrumadoramente centrado en el recuento de pateras y cayucos. De eso también hemos hablado y acogido un sinfín de actividades en Casa África, incluso a través de la formación de periodistas y el refuerzo de sus capacidades en la lucha contra la desinformación.
Hemos discutido mucho en torno a las narrativas migratorias, al relato sobre el fenómeno y a la deshumanización de los migrantes, a quienes se convierte en cifras, en una masa uniforme en la que, salvo excepciones —porque sí hay medios y periodistas que trabajan con rigor y profesionalidad en esto—, no parece interesar el ejercicio de conocer sus motivaciones, sus historias, es decir, escuchar su voz.
Por último, el seminario sobre migraciones en el mediterráneo organizado por Casa Mediterráneo en colaboración con Casa África y Casa Árabe reúne a representantes de distintos ámbitos para reflexionar sobre los retos y las oportunidades en torno a la acogida y la inclusión. En ese sentido, ¿cómo valora la realización de encuentros como este que refuerzan el trabajo entre las tres Casas?
Me parece fantástico que participemos y organicemos actividades conjuntamente, en las que cada una de nosotras, las Casas, pueda dar a conocer lo que está haciendo en este ámbito como actoras de la diplomacia pública, y que, además, podamos aprender conjuntamente de experiencias y buenas prácticas al abordar el fenómeno migratorio.
Creo que, por nuestra experiencia, tanto a los participantes en estas jornadas como al público asistente les puede resultar útil la perspectiva que tenemos desde Canarias en este ámbito: poder explicar cómo se ve y convive con las personas en movimiento aquí.
Por Gemma Belén
Técnico de áreas, Casa Mediterráneo

