Casa Mediterráneo acoge este viernes 26 de septiembre, a las 19:00 horas, una interesante conferencia histórica y literaria que analizará el contexto en el que Miguel de Cervantes vivió su cautiverio en Argel. El encuentro contará con la participación de Nesrin Karavar, profesora de literatura turca contemporánea en la Universitat de Barcelona, y de José Manuel Lucía Megías, catedrático de Filología Románica en la UCM y presidente de honor de la Asociación de Cervantistas.
Karavar, que es, además, investigadora agregada y profesora invitada en la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina), profundiza en esta entrevista sobre las relaciones históricas y culturales entre el Oriente y Occidente del siglo XVI y en la influencia otomana en Cervantes. Una conversación que se convierte, sin duda, en una auténtica lección magistral.
Nesrin, háblenos de cómo era el Mediterráneo cuando Cervantes es hecho prisionero.
En el siglo XVI, el Imperio Otomano y España se enfrentaron en el Mediterráneo en una intensa rivalidad para lograr la supremacía regional. Ambos expandieron sus dominios en Oriente y Occidente del Mediterráneo, a costa de otras potencias como Francia, Venecia o el Egipto de los Mamelucos, lo que llevó a conflictos de intereses, especialmente por el control de las rutas comerciales y estratégicas desde el norte de África al Levante. Esta competencia se manifestó en grandes batallas navales, como Lepanto, y en el desarrollo de poderosas flotas, pero también en una nueva modalidad de guerra a través de corsarios. También hubo intercambios de todo tipo, transferencias de población de moriscos o judíos desde España al Imperio Otomano. Esa época experimentó importantes transformaciones políticas, económicas y culturales, y ciudades como Argel o Nápoles se convirtieron en centros de esos procesos de cambio.
La disputa por el dominio mediterráneo marcó la época y fue resultado de la ambición de ambas potencias por convertirse en imperios universales. El Reino de Aragón había establecido control sobre Nápoles en la misma época en que el Imperio Otomano se expandía por Libia y Argelia. Carlos V continuó el impulso de la Reconquista de los Reyes Católicos hacia el norte de África, enfrentándose en Argel con el poder otomano por primera vez. En el siglo XVI empezaron a producirse importantes cambios en las galeras y en las batallas navales del Mediterráneo. Durante el conflicto entre el Imperio Otomano y Venecia, se emplearon cañones por primera vez en las galeras y se construyeron nuevos tipos de barcos capaces de realizar expediciones más largas, marcando el inicio de una transformación tecnológica en la guerra marítima. Otomanos, venecianos y españoles empezaron a utilizar galeras de dimensiones cada vez mayores para expediciones más largas, lo que llevó a un incremento notable en el número de remeros embarcados. Estos remeros eran en muchos casos prisioneros cautivos que alimentaban la necesidad de las razzias.

Durante el siglo XVI, el Imperio Otomano alcanzó su máximo esplendor y extendió su dominio sobre el Mediterráneo. ¿Cómo fue creciendo su poder y qué consecuencias tuvo para España y otras potencias?
Tras 1492, el rescate de numerosos musulmanes y judíos expulsados de España fue uno de los aspectos que permitió al Imperio Otomano mostrar su presencia política—aunque limitada— en el Mediterráneo. Posteriormente, el establecimiento de vínculos con corsarios turcos y magrebíes abrió el camino para una política otomana más activa hacia el Mediterráneo occidental. Las grandes victorias contra Venecia en 1499 y 1500, seguidas por la conquista de Egipto y el Levante, consolidaron a los otomanos como potencia dominante en el Mediterráneo oriental. Esta expansión debilitó el poder de los estados italianos como Venecia y Génova y la toma de Lesbos, Lemnos, gran parte de Modon y Corón, importantes islas como Rodas, Samos, Quíos y finalmente Chipre en 1571 pasaron a estar bajo el dominio turco, consolidando aún más el control otomano en el Mediterráneo oriental. Realmente, la derrota de Lepanto no alteró el equilibrio estratégico de forma significativa, aunque sí marcó los límites de la expansión otomana.
En una época en la que la influencia de Génova y Venecia en el Mediterráneo disminuía, el control del Mediterráneo podría haber pasado a manos de los españoles, desde sus bases en Italia. El control progresivo de los puertos de África del Norte y la posesión de puntos comerciales clave como Sicilia, Nápoles y Mallorca otorgaron a España una fuerte presencia en el Mediterráneo. Será la creciente atención a las guerras en Europa, con las costosas campañas de Flandes, lo que limitaría la capacidad española de responder efectivamente al desafío otomano. Estas circunstancias favorecieron el ascenso de los corsarios musulmanes, liderados por los hermanos Hızır y Oruç, conocidos como Barbarroja, en la región de Argel. Gracias a sus conocimientos marítimos, se convirtieron en protagonistas políticos en el norte de África, estableciendo pequeños estados bajo su control. Desde estas bases, consiguieron atacar barcos españoles y debilitar significativamente la presencia hispánica en la región. Al final del siglo XVI, a pesar de la victoria de Lepanto, España dejó de prestar atención prioritaria al Mediterráneo mientras los territorios del Imperio otomano se extendieron hasta Marruecos.
Argel debió ser un puerto importante para el Imperio Otomano si Cervantes es llevado allí cautivo.
Durante aproximadamente 300 años de dominio otomano en Argelia, la administración establecida se centró en la seguridad, protegiendo el país de los ataques organizados por algunos países europeos contra las costas argelinas. Al mismo tiempo, la administración otomana prestó especial atención al desarrollo de la provincia de Argelia. Este sistema administrativo se implantó de forma gradual y la consolidación y el establecimiento definitivo de las instituciones administrativas otomanas en Argelia requirieron mucho tiempo. Antes del dominio otomano, Argel era una pequeña ciudad costera. Sin embargo, situada en uno de los golfos más importantes del Mediterráneo, contaba con un puerto muy activo. Argel era una ciudad pequeña e insignificante que no podía compararse con otras ciudades de la región. Sin embargo, cuando los musulmanes andalusíes comenzaron a emigrar y asentarse en las ciudades costeras de Argelia, la ciudad comenzó a ganar importancia. Los andalusíes que buscaron refugio en Argel no solo usaron la ciudad como base para lanzar ataques desde el puerto de Argel hacia las costas y barcos españoles, sino que también, tras asentarse allí, dinamizaron económicamente la ciudad. Así, la ciudad ganó importancia por su fuerza económica y también por su valor estratégico.
La experiencia urbanística aportada por los exiliados andalusíes junto con la presencia de muchas familias turcas dedicadas al comercio y la artesanía llevó a que personas provenientes de distintas regiones del Imperio otomano e incluso de diversos países europeos se establecieran en Argel con fines comerciales. Como resultado, la estructura administrativa de la ciudad cambió en gran medida; los oficios se revitalizaron con las innovaciones introducidas por los exiliados y la ciudad adquirió una gran vitalidad comercial y cultural. La incidencia de la actividad corsaria también fue un factor que impulsó la economía de Argel.
«Argel era una especie de microcosmos del Mediterráneo en época de Cervantes, donde se habían refugiado muchos de los exiliados moriscos y judíos obligados a abandonar España».
¿Cómo vivió Cervantes la convivencia entre culturas, religiones y lenguas durante el tiempo que pasó preso? La efervescencia multicultural que se vivió en este puerto del Mediterráneo influiría en su obra literaria.
Argel era una especie de microcosmos del Mediterráneo en época de Cervantes, donde se habían refugiado muchos de los exiliados moriscos y judíos obligados a abandonar España. También multitud de italianos y gente de diversas procedencias se establecieron en la ciudad. Mientras que algunos de estos corsarios eran musulmanes de nacimiento, la mayoría eran renegados, generalmente provenientes del Mediterráneo occidental. Dado que ni en España ni en Turquía, y creo que tampoco en Italia, se han realizado investigaciones detalladas sobre este tema, aún no tenemos información definitiva acerca de cómo los poderosos pashas o las sultanas experimentaron sus procesos de conversión y qué tipo de relación desarrollaron con su pasado.

Como leemos también en las obras de Cervantes, él encuentra en Argel esa convivencia perdida en su país de origen. España en el siglo XVI sufrió una profunda transformación en la construcción de las identidades sociales, políticas y religiosas. El país más multicultural de Europa, hogar de tres religiones y una diversidad cultural y étnica única, pronto sería obligado a adoptar una identidad monolítica. Juan de Austria, quien dirigió la campaña contra los moriscos rebeldes en 1569, describió con dolorosa objetividad lo que presenció como ‘la despoblación de un reino’. Frente a eso, el Sultán otomano Bayezid II daba la bienvenida a esos exiliados, considerándolos una gran ventaja, dando pie a un comentario recogido por cronistas de la época.
Cervantes establece relaciones de amistad no solo con conversos y musulmanes españoles, sino también, por haber estado en Italia antes de ser capturado por los corsarios y tener una amplia cultura italiana, con conversos de alto rango venecianos, calabreses y napolitanos. Por eso, cuando Cervantes menciona personajes otomanos en sus obras, especifica especialmente su verdadera nacionalidad. Esto es un detalle muy importante que tendrá profunda influencia en su visión del mundo, aunque por razones obvias, Cervantes tendrá que ser muy cuidadoso en sus juicios positivos sobre la experiencia multicultural del Imperio Otomano para evitar problemas con la Inquisición. Esa será una de las tensiones subyacentes en sus escritos, que le llevará a complejos artificios narrativos que enriquecen sus obras con múltiples niveles de lectura.
«La literatura de Cervantes, profundamente marcada por sus años de cautiverio en Argel, ha servido durante mucho tiempo como un prisma para las complejas interacciones entre los mundos cristiano y musulmán en el Mediterráneo moderno».
La huella que dejó el cautiverio en su obra literaria es papable.
Sus libros son recursos sumamente valiosos para que podamos formarnos una idea sobre los años de cautiverio de Cervantes. La gran sultana es una obra particularmente importante sobre la vida de las sultanas en el palacio de Topkapi de Estambul y se convirtieron en esposas del Sultán. Lamentablemente, tanto en el ámbito académico como teatral ha quedado en un segundo plano, pero desde el punto de vista histórico es más fidedigna respecto a las mujeres del harén que las obras, a menudo imaginarias, escritas por viajeros europeos. Esto se debe a que Cervantes pasó personalmente un largo periodo en estas tierras. La literatura de Cervantes, profundamente marcada por sus años de cautiverio en Argel, ha servido durante mucho tiempo como un prisma para las complejas interacciones entre los mundos cristiano y musulmán en el Mediterráneo moderno, iluminando temas de identidad, tolerancia y negociación cultural. Ni Cervantes ni sus obras pueden entenderse verdaderamente sin tomar en cuenta los cinco años (1575-1580) que pasó bajo dominio otomano. Aunque los debates académicos han explorado extensamente estas dinámicas cristiano-musulmanas, a menudo privilegian las perspectivas europeas y pasan por alto las realidades vividas de los relatos de cautiverio otomano, así como las representaciones matizadas de género, agencia y alteridad en contextos interculturales. Esta polarización entre análisis eurocéntricos y estudios fragmentados de fuentes otomanas crea un impasse teórico: por un lado, las obras de Cervantes se interpretan desde lentes aislados del humanismo occidental, sin integración con las contrapartes orientales; por otro, voces otomanas como las de renegados y conversos quedan marginadas, despolitizando el potencial de un verdadero diálogo intercultural.
«No sabemos si Cervantes podía leer en otomano, pero en sus obras, desde la perspectiva de la traductología, se observa la presencia de la traducción».
¿Tuvo Cervantes contacto con la literatura otomana? ¿Podemos decir que le influyo?
El documento notarial de Cervantes, Información de Argel (1580), consta de 25 preguntas y respuestas de 12 testigos sobre sus cinco años de cautiverio en Argel, sirviendo como el principal testimonio no literario. Los Cinco años de Cervantes en Argel, de Isabel Soler, es un libro sencillo que recopila únicamente estas preguntas y respuestas. Yo también descubrí este libro por casualidad en una librería de Barcelona, mientras recorría la ruta cervantina para tomarla como ejemplo en relación con Estambul y Cervantes; no podía creer el título, lo compré y lo terminé el mismo día, y más tarde lo traduje al turco. Nuestra única fuente disponible son estas preguntas y respuestas, junto con los propios libros de Cervantes. Creo que algún día saldrá a la luz el misterio. Cervantes tiene dos obras perdidas relacionadas con Estambul. Lo interesante es que, aunque esta cultura le influyó profundamente y, en general, la refleja más positivamente que negativamente, tuvo la oportunidad de ir a la capital de esta cultura, Estambul, pero al final obtuvo su libertad gracias al pago de su rescate y no fue con Hasan Pasha. Por ahora esto sigue siendo un misterio, pero estoy convencido de que, si se realiza una investigación seria y se enfoca solo en este tema, dejará de ser tanto un secreto.
Creo que sí, Cervantes tuvo la oportunidad de leer o escuchar literatura oriental mientras estuvo en Argel. En aquella época no existía una cultura de novela en el Imperio Otomano, pero sí poesía clásica (diván). No sabemos si Cervantes podía leer en otomano, pero en sus obras, desde la perspectiva de la traductología, se observa la presencia de la traducción. Sin duda, escuchó la literatura oral, común en ese período, y creo que realizó traducciones a través de renegados españoles o italianos que conocían idiomas, ya que aparecen traducciones en sus obras. Por ejemplo, los narradores de historias en las cafeterías otomanas son una de las formas de literatura oral. Para Cervantes, como sabemos, no era necesario dominar el idioma, siempre encontraba un traductor para poder leer obras. Dos ejemplos importantes en lengua árabe son el personaje Cide Hamete y la carta que Zoraida le arroja por la ventana, escrita en árabe, la cual Cervantes hace traducir. Estas son dos pistas fundamentales sobre si Cervantes llegó a conocer la literatura otomana o berberisca al escucharla o leerla. La reproducción y difusión de la cultura literaria en el seno de las élites se basaba principalmente en reuniones de amigos o en su reflejo, las veladas de comida y bebida. Las clases altas se reunían para escuchar poemas, música e historias. Como alternativa, entre el pueblo, en las cafeterías, los narradores o los ‘meddahs’, como un tipo de teatro parecido a los ‘corrales’ pero diferente, ya que no eran obras teatrales convencionales, un narrador tradicional que cuenta historias solo, con elementos teatrales y humorísticos. Además, en sus obras hay importantes señales de que estaba familiarizado con otro género literario: el sufismo. Estas influencias se manifiestan en los temas del amor y la tolerancia presentes en la obra de Cervantes. En particular, en lo que respecta al amor entre cristianos y musulmanes, se observan paralelismos con la concepción del amor y la mística en el sufismo. Más allá de los cuentos de Las mil y una noches (–que en la película de Amenábar se muestra cuando Cervantes, para no ser castigado por Hasan Pasha, recurre al relato de historias inspiradas en Las mil y una noches–), en la literatura sufí existen historias de amor que han ingresado en la literatura universal. En este sentido, al analizar los temas amorosos en la literatura cervantina, estas influencias se hacen visibles de manera evidente. Especialmente en los diálogos entre el Sultán y Catalina de Oviedo en La gran sultana se refleja con claridad.
Cervantes intentó escapar varias veces pero no hay indicios de que fuera castigado por ello.
No lo sabemos con certeza. Pero si pensamos que Hasan Pasha fue capturado por piratas a los 16 años mientras trabajaba como escribano en un barco, es seguro que no era una persona sin cultura. Más tarde, estar junto a un alto comandante naval como Uluch Ali Pasha y llamar su atención, convertirse en gobernador entre muchos renegados en poco tiempo, muestra que no era un renegado cualquiera. Así como Cervantes no fue un cautivo cualquiera, Hasan Pasha tampoco fue un renegado cualquiera. La relación que pudo haber entre ambos es, obviamente, un tema lleno de ambigüedades porque haría parecer a Cervantes sospechoso a su regreso a España. Quedo por eso como tema más de ficción o interpretación, como hace la película de Amenábar.
«Es la primera vez que la vida de cautiverio de cinco años de Cervantes se lleva a la gran pantalla, y al centrarse en este periodo, fuera de Don Quijote, resulta de gran importancia para investigadores como nosotros».
Se acaba de estrenar El cautivo de Alejandro Amenábar que aborda el tema de la conferencia. ¿Qué le parece la película y la forma en que trata este episodio de la vida de Cervantes?
Por supuesto que es muy importante, especialmente para alguien como yo, que desde 2017 investiga la influencia de los años de cautiverio de Cervantes en el Imperio Otomano sobre su personalidad y sus obras. Estudio cómo Cervantes representa en sus obras a personajes como los conversos, cautivos o Zoraida —nacida musulmana en Argel—, y cómo presenta las vidas en los harenes de Estambul y Argel como espacios literarios. En este sentido, en 2018 inicié un proyecto de investigación apoyado por el municipio de Estambul y el Instituto Cervantes en Estambul. Mi interés por este tema surgió al ver en una exposición comisariada por José Manuel Lucía Megías en la Biblioteca Nacional de Madrid en 2017, la ‘Ruta de las Ciudades de Cervantes’, donde me impactó la ausencia de Estambul en el mapa. Esto me llevó a ponerme en contacto con José Manuel. Aunque la película en cuestión se basa en una perspectiva tradicional orientalista y en la ficción, es la primera vez que la vida de cautiverio de cinco años de Cervantes se lleva a la gran pantalla, y al centrarse en este periodo, fuera de Don Quijote, resulta de gran importancia para investigadores como nosotros, que nos concentramos en esta etapa de Cervantes. Es de gran trascendencia llamar la atención tanto del público como de los especialistas sobre esa época de la vida de Cervantes y su influencia en su posterior desarrollo como escritor.
Para terminar, Hasan Pasha, gobernador otomano de Argel durante el tiempo en que Miguel de Cervantes estuvo cautivo allí, es un de los protagonistas de la película. Tampoco tuvo una vida fácil, ¿verdad?
Aunque no fuera tan famoso como su compatriota italiano, Uluch Ali Pasha de Calabria, el veneciano Hasan Pasha también fue una figura clave en el establecimiento marítimo otomano. Nació en 1544 como Andrea Celeste. A los 16 años fue enrolado como escribano en un barco y luego fue capturado en 1563 por Turgut Reis, entonces gobernador general de la Tripolitana otomana. Hasan, al poco tiempo, se convirtió al islam, siguiendo los pasos de varios otros cautivos cristianos que fueron atraídos por una combinación de desilusión con el cautiverio y el deseo de enriquecimiento. En dos años, cuando su captor Turgut murió, el renegado calabrés Uluch Ali se convirtió en su nuevo amo. Hasan pronto se convirtió en su mayordomo, gestionando su extenso hogar lleno de renegados como él. Cuando su amo ascendió rápidamente en su carrera —gobernador general de Tripolitana, gobernador general de Argel y gran almirante—, Hasan cosechó los beneficios de estar cerca del poder. Primero fue gobernador de Salónica, luego de Argel, Tripolitana y Túnez. ¿Los renegados rompían completamente todos sus lazos con sus familias y su pasado? Los historiadores muestran que no rompieron todos sus lazos con el pasado. Continuaron utilizando su lengua materna y mantuvieron sus vínculos familiares. Hasan fue uno de ellos. En la historia otomana, al igual que en las obras de Cervantes, Hasan tenía una personalidad agresiva. No sabemos si su crueldad era tal como la describe Cervantes, pero no cabe duda de que no poseía un carácter positivo. Al fin y al cabo, era un corsario; sus razzias le proporcionaron tanto dinero que pudo desafiar a su antiguo patrón Uluch Ali como líder de la facción mediterránea. Además, su origen veneciano no parecía haberle impedido apoderarse de bienes y barcos venecianos y esclavizar a sus habitantes. Pedía ayuda tanto para Camilla y su esposo como para sus propios amigos. Además, le enviaban especialmente para él queso de Piacenza desde Italia. Recibía comisiones en las negociaciones diplomáticas entre Venecia y el Imperio otomano y participaba en el intercambio de información. Por supuesto, no sabemos si Cervantes contó con él en estos intercambios y negociaciones entre potencias cristianas y el Imperio otomano, lo cual sería tema para otra película sobre las intrigas diplomáticas en las cuales Hasan Pasha estaba involucrado. Hasan Pasha actúa como agente doble en algunas ocasiones, al servicio de la República de Venecia y del Imperio Otomano, algo que Cervantes, probablemente, pudo conocer en su relación con él.

Por Gemma Belén
Técnico de áreas, Casa Mediterráneo