Ni emperadores ni patricios: Paco Álvarez rescata al «populum» del Imperio en «Roma Underground»

Paco Álvarez, autor de «Roma Underground».

El sábado 27 a las 18:00 horas, dentro del ciclo «Escritores y el Mediterráneo», el investigador, geógrafo e historiador Paco Álvarez presenta en Casa Mediterráneo su nuevo libro Roma Underground. El lado oculto del Imperio. Se trata de una mirada desenfadada, divertida y humana a esa Roma que no suele salir en los libros de texto, ni está tallada en mármol ni inmortalizada en piedra: la de los plebeyos, prostitutas, esclavos, soldados, «proletarii»… El evento es gratuito y podrá seguirse también a través de nuestro canal de YouTube.

Álvarez (Madrid, 1965) tiene un perfil tan polifacético como su obra: fue escolta en los años más duros del terrorismo en España, publicista internacional para marcas de renombre y, desde hace años, divulgador histórico en medios como National Geographic, RTVE o Discovery Channel. Además de sus colaboraciones con universidades, museos y hasta la Armada Española, Paco se ha propuesto contar la historia de Roma con mucha documentación y altas dosis de ironía.

En Roma Underground, su obra más reciente, Álvarez saca a la luz las vidas de los «romanos del montón» y desmitifica buena parte de los clichés del Imperio. Todo para llegar a la conclusión de que si hoy en día ocho hombres tienen la misma riqueza que la mitad del planeta, quizás no hemos cambiado tanto desde la época de César.

Paco, el libro habla sobre los plebeyos, los «romanos del montón». ¿Quiénes eran? ¿Cómo se ganaban la vida?

Los romanos del montón, realmente son la inmensa mayoría de los romanos; los que no salen en las pelis ni en las portadas de las revistas. Se ganaban la vida como podían, literalmente más que ganarse la vida, se la buscaban.

«La acción de buscar en las fuentes históricas a la gente under de Roma, se parece a una labor detectivesca cutre, una novela policiaca con cada una de las diferentes fuentes actuando como distintos testigos beodos».

¿Dónde has encontrado información sobre estos romanos «corrientes»? Las fuentes históricas parecen estar reservadas para los más ilustres…

La acción de buscar en las fuentes históricas a la gente under de Roma, se parece a una labor detectivesca cutre, una novela policiaca con cada una de las diferentes fuentes actuando como distintos testigos beodos; cuando varios testigos con distintos puntos de vista o de distintas épocas corroboran expectaciones, hipótesis o asunciones que se hacen al hablar de los que nadie habla, de lo que hacían los romanos por la noche por ejemplo, entonces parece que la hipótesis está más cerca de ser verdad, pero no necesariamente lo es. Al final, encuentras más preguntas que respuestas, pero como dijo Séneca, tener más preguntas que respuestas es de sabios… yo no soy más sabio, pero si tengo mogollón de preguntas.

No podemos hablar de una Roma underground sin hablar de la noche. No era lo mismo vivirla siendo rico que siendo pobre. ¿Cómo era esa noche romana para quienes vivían en los márgenes del Imperio?

Pues la noche sobre todo, era laaaarga. Si te despertabas a oscuras, no tenías forma de saber cuánta noche quedaba. Por eso los ricos se la pasaban de juerga, pero los pobres, o tenían compañía, aunque fuera para jugar a los dados con una lamparilla o si no tienes lamparilla, a contar ovejas. Por la noche hay que dormir, que en Roma el día empieza al amanecer y como dice La Eneida: «La aurora del día siguiente iluminaba la tierra con la lámpara de Febo, y había dispersado del cielo las sombras húmedas».

Portada del libro «Roma Underground».

Eso de que una ciudad huela a ajo no fue Victoria Beckham la primera en decirlo… Ya en la antigua Roma existía el dicho «ubi alium, ibi Roma» (donde huela a ajo, allí está Roma). ¿Realmente Roma olía mal? ¿Qué nos dice eso sobre la vida cotidiana en la ciudad?

Para nuestras modernas y exquisitas narices, Roma olía fatal, no como en las películas. Pero es que las ciudades de nuestros abuelos también olían fatal… es más, el pueblo de mis abuelos, que es un pueblo de ganaderos, todavía huele mal. Por lo menos los romanos tenían perfumes, per-fumare, y hasta pastillas para el mal aliento. Por lo menos los romanos se bañaban en las termas. Nosotros allí no nos atreveríamos a meter un pie, pero era lo más higiénico que había entonces en nuestro planeta.

Legionarios, auxiliares, centuriones, jinetes… Ser soldado parecía una de las pocas salidas dignas para quienes nacían en la pobreza, aunque implicara jugarse la vida. ¿El ejército romano ofrecía realmente una oportunidad de ascenso social?

Totalmente; si tenías más de 14 años, medias más de un metro setenta y te iba la marcha, nada mejor que alistarte en las legiones; el único trabajo fijo de la antigüedad, te garantiza casa, comida, vestido, sanidad gratuita, plan de pensiones y una bonita lápida si palmas. Tampoco la esperanza de vida fuera de la milicia era enorme así que apúntate y verás mundo… y si terminas de centurión, podrás ascender a caballero, la clase media romana…

La Roma criminal merece un capítulo aparte. Es una ciudad que, simbólicamente, nace de un crimen —el asesinato de Remo por parte de su hermano Rómulo— y que tiene entre sus páginas uno de los magnicidios más famosos de la historia: el de Julio César, apuñalado por un complot de más de sesenta senadores. ¿Dirías que la violencia formaba parte del ADN de Roma desde sus orígenes?

Sin duda, la dualidad entre la loba y la madre, pesa mucho. Los fundadores «legendarios» de Roma eran por un lado los hijos abandonados de una princesa, Rea Silvia, por otra parte también eran unos completos hijos de loba porque quien los amamantó y crío lo era, o eso creían los romanos y donde habitan las lobas, todavía se llama lupanar. A lo mejor por eso, por esa dualidad entre lo más guay y lo más sórdido, la princesa y la prostituta, la bella y la bestia, el crimen era algo bastante consustancial a lo romano. Vamos, que no pensaban que fuera algo que pudiera erradicarse ni les molestaba mientras no les afectara directamente, ni era pa’ tanto, aunque Juvenal dijera en su época que ya no había hierro para espadas porque todo se gastaba en cadenas para los tantísimos presos de tantos criminales como había.

Parece que el peor trabajo en las ciudades romanas era el que se efectuaba en las fullonicae, en las lavanderías, que, a falta de cloro, usaban orina —rica en amoníaco— para limpiar la ropa. ¿Había otros peores?

En las ciudades, creo que no. Imagínate estar de pie en orina desde que amanece hasta que anochece… día tras día, mes tras mes, hasta que se te caigan las uñas y… qué asco. Vamos a hablar de otra cosa…

En Roma Underground cuestionas muchas ideas asumidas sobre la mujer romana: mencionas que sí podían heredar, divorciarse, e incluso beber vino, pese a la fama de lo contrario. ¿Las mujeres romanas disfrutaban de más libertades de las que tradicionalmente se ha contado?

Absolutamente sí. El tema es que solemos compararlas con las libertades que las mujeres occidentales tienen hoy, y con quien hay que compararlas es con sus contemporáneas. Entonces es cuando la mujer gana por goleada en Derechos y capacidad de gobernarse a sí misma. No necesitaban aducir públicamente la causa por la que quisieran divorciarse, por ejemplo, y el mero hecho de anunciarlo hacía efectiva esa prerrogativa. Si ella decía que se acabó, se acabó. Lo de «tenemos que hablar» lo dijo por primera vez una romana…

«Llevamos, desde que desapareció el Imperio occidental, intentando recuperar al menos una idea de Roma».

Somos romanos, Estamos locos estos romanos, Romanos de aquí, Mitomorfosis, Crónica Rosa Rosae… Has escrito varios libros sobre Roma, ¿qué te atrae tanto de ella?

Lo que a todos. Llevamos, desde que desapareció el Imperio occidental, intentando recuperar al menos una idea de Roma. La recuperatio imperii, el renacimiento, el neoclasicismo, las luces y el regreso de la democracia, Napoleón e incluso la payasada musoliniana son intentos de los europeos de regresar a casa y casa es Roma. Yo sólo sigo la corriente e intento hacer afición para que algún día seamos de nuevo un imperio (romano).

Para terminar, ¿en qué se parece esta Roma oscura se parece al mundo actual?

Me temo que se parece demasiado. Ahora hay incluso más desigualdades; los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez somos… más. Los ocho hombres más ricos del mundo tienen tanto dinero como la mitad de la población mundial, unos tres mil seiscientos millones de personas. Por cierto, los ocho más ricos, son todos tíos por supuesto. Luego dicen que si Roma era injusta porque había esclavos… Venga hombre. Ocho tíos tienen tanta pasta como tres mil seiscientos millones de personas… Nosotros en el siglo XXI, eso sí, lo que procuramos es que los pobres estén más lejos. Por eso tenemos urbas e incluso islas privadas. Y si me apuras, pronto habrá planetas exclusivos. Mientras, los pobres, pagamos cientos de euros por camisetas y zapatillas hechas por niños en condiciones deplorables en países como Bangladesh y no pasa nada. Las marcas que financian esta desigualdad no tienen mala prensa ni entre los jóvenes, que se supone están más concienciados.

Más nos vale espabilar. Como cantaba Siniestro Total: «Tenemos un mensaje para la gente guapa y es que los feos somos muchos más».


Por Gemma Belén
Técnico de áreas, Casa Mediterráneo