Con motivo del ciclo «La Segunda Guerra Mundial y el Mediterráneo», Casa Mediterráneo recibe el lunes 17 de noviembre, a las 19 horas, al historiador y divulgador Pere Cardona, autor de El mundo en guerra, una obra que rescata testimonios inéditos y voces silenciadas de uno de los conflictos más importantes del siglo XX. El evento, que es abierto al público hasta completar aforo, se podrá seguir también de forma online.
Pere Cardona (Barcelona, 1968) es un reconocido investigador especializado en este periodo histórico, campo al que ha dedicado más de tres décadas de estudio, recopilando testimonios, anécdotas y episodios poco conocidos. Como parte de esta labor, creó el portal «Historias de la Segunda Guerra mundial«, referente para miles de lectores interesados en la contienda. Su faceta divulgadora se extiende a colaboraciones periódicas en medios de comunicación, revistas especializadas —como Muy Historia— y programas de radio. Entre sus obras destacan Osos, átomos y espías (2021), Segunda Guerra Mundial: 10 historias apasionantes (2017) y El diario de Peter Brill (2016), además de Lo que nunca te han contado del Día D (2019), escrito junto al periodista Manuel P. Villatoro.
Ocho décadas después del final de la contienda, la Segunda Guerra Mundial sigue despertando un gran interés entre el público, no solo por el impacto global que tuvo, sino por las historias que se esconden detrás de ella. En esta conversación que hemos mantenido con Cardona, el autor nos invita a mirar el pasado desde la perspectiva de quienes lo vivieron en primera persona: soldados, enfermeras, civiles y víctimas del totalitarismo. Además, profundiza en la relevancia estratégica del Mediterráneo, el papel —a menudo ambiguo— de España durante la guerra y la importancia de preservar la memoria histórica a través de relatos personales.
80 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el conflicto sigue despertando un gran interés entre el público. ¿A qué lo atribuyes?
Hoy en día, la Segunda Guerra Mundial despierta una mezcla de admiración e interés atribuible, en gran parte, a éxitos cinematográficos como Salvar al Soldado Ryan. Los primeros veinte minutos de esta cinta dirigida por Steven Spielberg son los que mejor reflejan el infierno experimentado por los soldados norteamericanos que desembarcaron en la playa de Omaha. Tampoco podemos olvidarnos de otros éxitos como la serie Hermanos de Sangre, donde se detalla el recorrido de la famosa Easy Company, desde los compases iniciales de su formación hasta su llegada a Alemania. En el plano literario, los ensayos de Cornelius Ryan, Stephen Ambrose, Anthony Beevor o James Holland han acercado los escenarios históricos al gran público con gran rigurosidad, despertando la curiosidad por conocer hechos ocurridos hace ocho décadas.
Conocemos las biografías de los grandes estadistas, también las tácticas desplegadas sobre el campo de batalla e incluso los detalles técnicos del armamento utilizado y los vehículos desplegados. Pero, en numerosas ocasiones, se ha pasado de puntillas por las historias cotidianas.
En tu obra, las historias personales cobran un protagonismo relevante. ¿Qué aportan a la historiografía?
Bajo mi punto de vista, la historia es un puzle compuesto de miles de piezas: una por cada protagonista de los hechos. Conocemos las biografías de los grandes estadistas, también las tácticas desplegadas sobre el campo de batalla e incluso los detalles técnicos del armamento utilizado y los vehículos desplegados. Pero, en numerosas ocasiones, se ha pasado de puntillas por las historias cotidianas: aquellas que nos muestran la atmósfera vivida en la cabina de los bombarderos que partían desde Inglaterra con la misión de destruir la producción bélica germana, o las que narran el sacrificio protagonizado por médicos y enfermeras en el frente. Este es, por encima de las frías estadísticas, el verdadero trasfondo que trato de comunicar a mis lectores.
El mundo en guerra presenta historias sin distinción de bandos. Lejos de participar en ejércitos opuestos, ¿qué lección transmiten los veteranos entrevistados?
A lo largo de los años he tenido la suerte de entrevistar a veteranos y víctimas civiles de diversas nacionalidades: alemanes, franceses, británicos, norteamericanos, españoles, etc. Y todos ellos siempre me transmiten la misma idea: salvaguardar sus historias como legado para futuras generaciones.
La inmensa mayoría se alistó movida por sus propios ideales: los soldados norteamericanos tras sufrir el ataque japonés a Pearl Harbor; los republicanos españoles con el propósito de luchar contra el nacionalsocialismo; y, en el caso germano, fruto de un adoctrinamiento inculcado en las Juventudes Hitlerianas desde una temprana edad. Eso no quiere decir que no existieran motivaciones sociales, familiares o económicas e incluso, en determinados casos, un irresistible afán aventurero.
No obstante, una vez en el frente, sus cartas y diarios reflejan la cara humana de un conflicto en el que la mayoría ha perdido compañeros, tiene a sus novias y familiares aguardándolos («Te echo de menos y espero que esto acabe pronto»), relata acciones («Esta mañana sufrimos un bombardeo») o describe paisajes de la vida cotidiana («Dormimos en tiendas de campaña bajo un frío insoportable»). Y son estas circunstancias personales las que los igualan en el campo de batalla.
El Mediterráneo jugó un destacado papel dentro del conflicto. Países como Francia, Grecia, Italia, Malta o Yugoslavia, entre otros, lo sufrieron en sus propias carnes, con ocupaciones territoriales y cruentas batallas.
¿Cómo definirías el conflicto en el Mediterráneo y qué papel jugó España durante el mismo?
El Mediterráneo jugó un destacado papel dentro del conflicto. Países como Francia, Grecia, Italia, Malta o Yugoslavia, entre otros, lo sufrieron en sus propias carnes, con ocupaciones territoriales, cruentas batallas y episodios tan icónicos como los desembarcos aliados en el sur galo o Sicilia; la tenaz resistencia aliada en la isla de Malta —vital para cortar el suministro a las tropas del Eje desplegadas en el norte de África—; la reconquista de un territorio griego ocupado por Hitler; y centenares de operaciones de espionaje destinadas a anular la inteligencia alemana.
En el caso español, merced a su controvertida neutralidad, nuestro país pasó a convertirse en un santuario para el espionaje alemán y aliado; objetivo de operaciones de comando británicas (Sconces, Sprinkler, etc.); y suministró material —como el deseado wolframio— para la maquinaria bélica germana. España también participó en combates junto a tropas germanas, con la famosa División Azul, y en el bando aliado, con los republicanos enrolados en la Nueve, la Number One Spanish Company o los alistados en la Legión Extranjera gala, que lucharon en lugares tan dispares como Narvik o Libia.
Y de entre todas estas historias recopiladas, ¿cuál destacarías?
Es difícil decantarse por una en concreto. El secuestro del general alemán Heinrich Kreipe por parte de los comandos británicos Patrick Leigh Fermor y William Stanley Moss (auxiliados por miembros de la resistencia griega) es una de mis favoritas. Aunque también destacaría el periplo del soldado estadounidense Gerry Rossignol por las Ardenas belgas, el del artillero germano Günter Halm en el frente del Norte de África —condecorado personalmente por el mariscal Erwin Rommel— o el abnegado servicio prestado por las enfermeras estadounidenses en el frente del Pacífico.
Dos capítulos que merecen especial atención son los dedicados al surgimiento del nazismo, al campo de Theresiendstadt y a la historia de una prisionera. ¿Quién es Inge Auerbacher?
Tras el surgimiento del nazismo, Hitler implementó la llamada «Solución Final», un eufemismo que ocultaba el exterminio tanto del pueblo judío como de las personas declaradas «indeseables» por el régimen nacionalsocialista. Para ello, Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich, artífices de este programa, diseñaron una industria de la muerte cimentada en campos de concentración: instalaciones donde los internos eran conducidos a las cámaras de gas para ser ejecutados.
Inge Auerbacher, acompañada de sus padres, sobrevivió tres años en el campo de Theresiendstadt, y su historia nos acerca a un periodo oscuro que la humanidad jamás debería repetir.
La publicación del material inédito sobre los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki es un claro ejemplo de la recuperación de una memoria, en la mayoría de los casos, condenada a perderse.
Por último, este año se celebra el 80 aniversario de los bombardeos atómicos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. En tu libro publicas unas fotografías inéditas del bombardeo atómico sobre esta última ciudad, ocurrido el 9 de agosto de 1945. ¿Cómo conseguiste este material?
Hace unos años, la familia de Ellis Clare Clemmens, un soldado norteamericano destinado en el frente del Pacífico, me ofreció un álbum fotográfico con instantáneas del bombardeo atómico de Nagasaki. Ellis llegó a la ciudad un mes más tarde, como integrante de las fuerzas de ocupación, y nada más instalarse buscó un altiplano, sacó una pequeña cámara fotográfica del bolsillo e inmortalizó el paisaje lunar extendido bajo sus pies.
Una vez licenciado, reveló el carrete y archivó el álbum en una estantería, donde acumuló polvo durante siete décadas. La experiencia vivida entre las ruinas lo traumatizó hasta el punto de rechazar compartirlo. Tras su fallecimiento, su familia descubrió las imágenes y me ofreció publicarlas con el fin de sensibilizar a la opinión pública sobre las consecuencias de un nuevo ataque nuclear. La publicación de este material inédito es un claro ejemplo de la recuperación de una memoria, en la mayoría de los casos, condenada a perderse.
