Pilar Pascual Echalecu: “Lograr con tu propia individualidad la libertad, lo que consideras que te hace feliz o es satisfactorio para tu vida siempre está en tensión con la sociedad”

‘El viento que sopla salvaje’ (Espasa, 2021) es el sugerente título de la novela de la escritora e ilustradora Pilar Pascual Echalecu, un libro que sacude los cimientos de la sociedad conservadora de la España de principios del siglo pasado a través de la historia de una misteriosa y admirable mujer, Verónica, contada a los ojos de su hija. Olivia, treinta años después de su muerte. Ambientada en el verano de 1918 en Málaga, una ciudad amable, de exuberantes jardines, bellas casas señoriales y embriagada por el Mediterraneo, la novela muestra los entresijos de una familia adinerada, sus mentiras y secretos que marcan las relaciones madre-hija con una capacidad asombrosa para que el lector se sienta reflejado en esos complejos vínculos que nos acompañan toda la vida.

La autora pasó por Casa Mediterráneo el pasado 9 de noviembre, dentro del ciclo ‘Escritores y el Mediterráneo’, acompañada de la gestora cultural Marina Vicente, para hablarnos de esta novela. Y de forma previa nos concedió una entrevista, donde salen a relucir algunos de los temas de esta obra, que son muchos y profundos: la memoria caprichosa, el simbolismo vigente de la mitología clásica, el descubrimiento de la sensualidad y la sexualidad, la pérdida de la inocencia, las reglas sociales que limitan el libre albedrío de las mujeres… El mundo es atroz y los hombres pesan, ya te darás cuenta. Dentro de poco sabrás esto por ti misma, entonces sólo la belleza te dará consuelo. Hay que inventarse realidades para sobrevivir, Olivia. Si no, no se puede”, le dice en una ocasión madre a hija.

Pilar Pascual es licenciada en Filología Hispánica y Máster en Estudios Avanzados de Edición, completando su formación con estudios de Bellas Artes. Desde sus comienzos profesionales reparte su tiempo entre la ilustración y la escritura, tareas que a veces compagina en sus publicaciones. Ha escrito e ilustrado numerosas obras dentro de la literatura infantil y juvenil, entre las que destacan la tetralogía Mundo Sueño (La oniromarca secreta, El anillo revelador, El rey Moira y El libro azul) y De pronto una estrella. En narrativa adulta, se encuentran dos biografías publicadas en España, Italia y Francia sobre dos mujeres únicas: Colette y Lise Meitner, y El viento que sopla salvaje (Espasa, 2021).

La novela gira en torno a un acontecimiento dramático ocurrido en el verano de 1918 que marcó inexorablemente la vida de la narradora, Olivia: la muerte de su madre, Verónica. Las relaciones madre-hija son tratadas exhaustivamente en su novela, unas relaciones complicadas en las que la incomprensión está muy presente, una percepción que cambia con el paso del tiempo… ¿La vida nos enseña a entender las razones de personas cercanas que inicialmente podríamos rechazar, en este caso madre-hija?

Sin duda y, sin duda además, las relaciones son siempre algo dinámico. Yo tenía mucho interés en mostrar precisamente esa posibilidad de cambio que siempre hay en las relaciones y en concreto en la relación madre-hija o hija-madre, si tenemos en cuenta que lo está contando la hija, creo que nuestra visión sobre nuestra madre en general siempre va cambiando según las etapas de la vida y aparte según los hechos y las circunstancias. Pero cada edad tiene una mirada sobre la vida y como consecuencia de ello tienes una mirada sobre tus padres.

La historia se enmarca en un periodo histórico, los inicios del siglo XX en España, donde las diferencias de clases están muy marcadas y la mujer está relegada a desempeñar un papel de madre y ama de casa. Un rol contra el que Verónica se rebela, provocando un verdadero escándalo en la sociedad de la época. Una frase lo resume (pág. 117): “Podemos negarnos al placer de nuestra más íntima naturaleza, pero seremos infelices. Si nos abandonamos a ella, quizá los infelices sean los otros. Es una elección”. ¿Renunciar a la propia felicidad para lograr la aceptación de los demás es el precio que paga la mayoría de los personajes que rodea a la madre?

Sí, pero es que además pienso que esa tensión entre el individuo y la sociedad siempre ha existido, lograr con tu propia individualidad la libertad o lo que consideras que te hace feliz o es satisfactorio para tu vida siempre está en tensión con la sociedad. Siendo mujer y en aquella época, todavía más. Verónica, efectivamente, es una mujer que no está dispuesta a renunciar a su libertad. Es bastante inteligente para saber qué batallas puede ganar y cuáles no, y sabe que eso tiene un coste, un precio, que es en cierto modo la felicidad de los demás. Pero, ¿hasta qué punto ella es responsable de la infelicidad de los demás? ¿No son los prejuicios, realmente, o las normas sociales los responsables de esa infelicidad?  Creo que cuanto más en consonancia estás con la sociedad o con las normas que ésta dicta tienes más garantizado la capacidad para sentirte satisfecho con tu vida, aunque no para la felicidad. Dentro de ese espectro de personajes que hay en esta casa, hay algunos que están más en consonancia, también porque son más privilegiados que otros. Verónica no puede estar en consonancia porque las cosas que quiere son diametralmente opuestas a las que la sociedad le dicta.

Aquel verano de 1918 supone para Olivia la pérdida de la inocencia y el descubrimiento de la sexualidad, una revelación que la acerca a comprender las acciones escandalosas de su madre. ¿El descubrimiento del placer y del amor le hacen ver que lo que su madre busca es la felicidad, al margen de las habladurías? ¿Cómo consigue perfilar de forma tan creíble sus personajes?

En mi caso, y yo creo que en la mayoría de los escritores, según vives vas adquiriendo un punto de vista sobre la vida. Entonces, cuando creas un personaje siempre hay una parte de retrato de alguien, de ti mismo o de una persona a quien no conoces demasiado pero que observas… Vas cogiendo partes de otros hasta que conformas el retrato de tu personaje. Esto no siempre es consciente, vas poco a poco y cuando vas creando el personaje según escribes se van perfilando todos esos matices.

Me parece muy interesante lo que apuntas de que la sensualidad que ella empieza a descubrir con sus 17 años la acerca de alguna forma a comprender a su madre, porque es así. Y lo es porque empieza su vida adulta, entonces comienza a comprender ciertas pulsiones y cuando escribe esta historia con 40 años entiende de una forma más global y completa. Pero es verdad que es un punto de conexión entre hija y madre.

El libro está cargado de simbolismo. Por ejemplo, la relación de la gata con los personajes en función de los sentimientos de la madre, la aparición de seres misteriosos y siniestros que podrían ser el preludio de la muerte… Dejas pistas al lector y le mucha libertad para que imagine lo que puedan significar estos símbolos.

Sí, según escribí este libro lo fui estructurando en capas y una de esas capas, efectivamente, tiene algo de tragedia griega, en la que hay una heroína -sabes que los héroes siempre están abocados a morir en ella- y no son casuales determinadas figuras, como la gata y su nombre con las cualidades que tenía el mito de Casandra. No quiero desvelar demasiado pero es verdad que aparece mucha simbología, porque hay una historia mítica subyacente de la que ni siquiera la propia Olivia, la narradora, es consciente. Es una narradora inconsciente de esa otra historia. Ella cree estar contando la historia de su madre, pero hay otra historia subyacente a todo esto que está ahí.

En esa historia se esconden muchas mentiras y secretos familiares…

Como en todas las grandes familias (risas). 

[su_quote]Lo que he tratado de reflejar es esa ambigüedad en el ser humano, más que en cuanto a secretos, que aquí los hay, en cuanto a todas las dimensiones que tiene una persona por dentro.[/su_quote]

Esos secretos que nadie quiere revelar marcaron la vida de los personajes, especialmente a raíz de la acusación al hermanastro de su madre, Víctor, de un acto grave que supuso su expulsión de la familia.

En la realidad es igual. Nosotros no somos entes planos, sino prismas con muchísimos ángulos. Y esto es como el personaje de Hamlet, que probablemente sea uno de los más multidimensionales de la literatura. Una cosa es cómo le ven los demás y según quién, esa visión cambia; cómo se ve él mismo y reacciona ante diferentes situaciones; y luego está el tema del deber, cómo tú sientes que debes ser, la conciencia. Yo, lo que sí he tratado de reflejar es esa ambigüedad en el ser humano, más que en cuanto a secretos, que aquí los hay, en cuanto a todas las dimensiones que tiene una persona por dentro. Nunca es plano y siempre según quien te mire se destacan más unas zonas que otras a la luz.

¿Por qué Verónica se niega sistemáticamente a contestar las preguntas de su hija acerca de aquello de lo que nadie habla? ¿Por la edad, no la ve lo suficientemente madura como para comprender ciertas cosas, o sencillamente porque prefiere que no las conozca?

Verónica es un misterio. Además, estamos viéndolo desde el punto de vista de la hija después de muchos años y en cierto sentido hay algo de lo que estás comentando, pero hay otra parte de ella que tiene que ver con que adora vivir en la ficción. Ella es una teatralidad en sí misma. Entonces, ¿cuánto hay de juego y cuánto de que quiere que asimile ciertas cosas que ahora no puede asimilar porque tiene 17 años? Entonces, tengo que mostrar hechos más que decir con palabras que va a rebelarse contra ella. Verónica está constantemente con la idea de dejar un legado a su hija, que ahora no va a entender pero que en el futuro entenderá, y así pasa.

De hecho, la madre insiste mucho a su hija para que estudie y trace su propio camino, en un alegato por la defensa de la libertad de la mujer y el desarrollo de todo su potencial en una época en la que la sociedad limitaba mucho su rol. 

Pilar Pascual – © María Gilabert / Revista Casa Mediterráneo

Sí y volviendo al aspecto simbólico que resaltabas antes, muy al principio de la novela hay un momento en la siesta en la que ella [Verónica] tiene una pesadilla muy simbólica. ¿Hasta qué punto sabía que iba a morir o no? La novela juega todo el rato a eso, a la ficción y a la realidad, a la historia mítica y a la historia costumbrista, de alguna forma, o existencial también en otros momentos. 

Verónica es muy consciente de que quiere dejar un determinado legado a su hija, un aprendizaje que va a ser muy duro por todo el peso social que las rodea, pero está determinada. Y Olivia lo va a entender muchos años después. Verónica, viniendo de la clase alta, que es privilegiada y tiene determinados medios para luchar contra la situación machista que las rodea, está muy empeñada en que su hija estudie y no sólo es por la independencia económica, que también, sino por la independencia de pensamiento crítico.

En la novela también se defiende el hecho de que las mujeres cuenten su historia, con su propia voz, ya que desde siempre han sido los hombres los que la han contado. Aunque ha habido notables avances en las últimas décadas, ¿cuál cree que es la situación de las mujeres escritoras en nuestro país a la hora de ser publicadas por primera vez?

Publicar siempre es difícil, pero para cualquiera, seas mujer u hombre. De toda la gente que conozco que se dedica a esto, no sé del caso de ningún hombre al que le haya costado poco, ni a ninguna mujer. A lo mejor lo que nos tendríamos que preguntar es si una vez que publicamos tenemos el mismo interés por parte del público lector y a la hora de promocionarnos por parte de las editoriales, pero claro, para eso tendrías que compararte con otros autores y no puedo hacer esa lectura porque no tengo los datos. Mi impresión es que publicar siempre es complicado. No conozco el caso de nadie que se haya podido sentir discriminado actualmente por ser mujer a la hora de publicar, algo que desgraciadamente sí pasaba antes. 

[su_quote]La literatura es para mí un arte del tiempo y creo que la experiencia vital cuenta mucho cuando estás dejando en una novela tu punto de vista sobre la existencia.[/su_quote]

Me gustaría saber cómo fue el proceso de escritura de este libro, que una vez empezado tuvo que interrumpir a causa de un encargo.

Tengo una saga dedicada a público infantil que se llama ‘Mundo sueño’ y tenía escritas la primera y la segunda novela de la tetralogía. Empecé a escribir esta historia de ‘El viento que sopla salvaje’ y en un momento determinado hubo una editorial que se interesó por esta saga, de modo que tuve que ponerme a hacer la tercera y la cuarta parte. Entonces, aparqué temporalmente esta novela y terminé esas dos, los textos y las ilustraciones. Cuando retomé ‘El viento que sopla salvaje’ habían pasado varios años y los primeros meses me fue complicado retomar esa voz. 

Me había desconectado durante mucho tiempo y además venía de estar concentrada en un proyecto que me absorbía muchísimo y que era para público infantil, cuya voz es bastante diferente, ya que es muy distinto escribir para niños que para adultos. El proceso creativo es el mismo, pero la voz narrativa es muy diferente. Cuando le hablas a un adulto no lo haces igual que a un niño, aunque trates los mismos temas. Al final, creo que el lapso de tiempo fue positivo porque los años te dan un poso vital y otra mirada. No es lo mismo escribir esta novela con 35 años que con 40, es diferente, los años en ese sentido sí cuentan. Y la literatura es para mí un arte del tiempo y creo que la experiencia vital cuenta mucho cuando estás dejando en una novela tu punto de vista sobre la existencia. 

En esta historia hace una detallada descripción de los jardines, su exuberancia, los diferentes estilos, ingleses, franceses… un reflejo de la importancia que Verónica le da a la belleza, así como de las casas señoriales de Málaga, un lugar que parece conocer muy bien.

Era bellísima la arquitectura de Málaga en aquella época. Yo estoy muy vinculada a la ciudad. A colación de una pregunta que me hicieron hace poco tiempo me di cuenta de que yo estaba a la distancia exacta necesaria, lo suficientemente lejos y lo suficientemente cerca de Málaga como para escribirla. Mi familia es de Málaga, donde yo nací y me trajeron a Madrid de muy pequeña, pero gran parte de mi familia sigue allí y desde siempre he ido a pasar los veranos. La ciudad para mí es un segundo hogar. Soy muy madrileña y soy muy malagueña, aunque no tenga nada de acento, y me siento muy vinculada a esa ciudad, al Mediterráneo. Y me enamoran profundamente todos los lugares que salen en el libro. Además, en aquella época era un vergel. Con el clima tan amable que tiene la ciudad, imagínate cómo debía ser. Ahora, lógicamente la ciudad ha cambiado muchísimo; el cemento ha ganado mucho terreno al mar, pero tenía que ser espectacularmente verde. 

A mí me apasionan los jardines, pero en concreto en Málaga además en aquella época y viniendo del siglo XIX había una eclosión de afición por la jardinería. El jardín de La Concepción, que se menciona mucho en la novela, es de ensueño, hay que conocerlo, es bellísimo. Y el cementerio inglés, que también se menciona, no es el típico camposanto que te imaginas triste y lúgubre, sino que es una belleza que merece la pena conocer. Yo hago como Olivia, siempre que voy a Málaga lo visito. Y por supuesto los barrios de El Limonar y La Caleta. Se perdieron muchas de estas casas señoriales, los hotelitos, con la guerra, pero aún quedan otros muchos en pie.

El Mediterráneo está muy presente en la novela, el rumor de las olas, el olor a mar…

En todas las ciudades de costa pasa y no creo que tenga que ver sólo con el Mediterráneo. Probablemente te vas al Cantábrico y, de otra forma, con un carácter muy distinto, el mar está igualmente omnipresente en la vida de la ciudad, lo invade todo. Cuando estoy en Málaga en mi consciente y en mi inconsciente el mar está. Era inevitable que esta novela se ambientara ahí.

También las siestas, las horas lentas cuando el sol aprieta.

Todo se vuelve espeso y húmedo. A la vez, quería reflejar esas siestas eternas, probablemente privilegiadas, porque yo tuve muy buena infancia y adolescencia en cuanto a esos entornos, donde no existe el tiempo. Con 15 o 16 años sabes que existe la muerte, pero tú te sientes inmortal, no entra en tus esquemas a modo general. Y quería reflejar esos momentos de siestas eternas de verano. Además, no tenías un teléfono inteligente que te hacia pasar las horas; tú estabas instalado en ese instante larguísimo, a ver si llegaba la noche y no te podías imaginar que cuando fueras adulto echarías de menos ese aburrimiento caluroso.