Fernando Arancón: «Hay una evidente conexión dentro del comercio intraeuropeo entre el Mediterráneo y el Mar del Norte»

 

Tras cinco meses de travesía en la que hemos analizado las corrientes geopolíticas, comerciales y estratégicas de cinco de los mares más relevantes del planeta como el Mar del Sur de China, el Mar Negro, el Mar Caribe y el Mar Rojo y su relación con el Mediterráneo, el ciclo de conferencias «Los Otros Mares» llega a su fin y toca tierra en un último puerto de gran calado: el Mar del Norte.

Por su situación geográfica estratégica y su riqueza en recursos marinos y energéticos, este enclave, que baña las costas de Noruega, Escocia, Inglaterra, Francia, Bélgica, Países Bajos, Alemania y Dinamarca, va a jugar un papel fundamental en la redefinición de poderes en Europa en los próximos años.

Fernando Arancón, director de El Orden Mundial, profundizará el próximo 22 de mayo a las 19:00 horas en Casa Mediterráneo sobre la importancia del Mar del Norte, tan desconocido como vital para el equilibrio geopolítico de nuestro continente. El evento es con entrada libre hasta completar aforo y emisión online. En esta entrevista, Arancón nos adelanta algunos de los puntos que abordará en su charla.

La serie de conferencias «Los Otros Mares», que comenzó en enero, llega a su fin con el Mar del Norte. ¿Por qué has elegido este mar para cerrar el ciclo?

Creo que el Mar del Norte es interesante. Primero porque es un mar muy desconocido y que suele quedar en un ángulo muerto entre el Báltico y el Ártico, que al final es uno de los principales focos de atención geopolítica mundial. Pero el Mar del Norte se queda ahí, un poco en medio, y ha sido fundamental para el desarrollo político, histórico y económico de toda la zona, sobre todo de Europa del norte, pero también de la zona noroccidental, porque abarca la isla de Gran Bretaña, Bélgica, Países Bajos, el norte de Francia… Es muy desconocido y a la vez muy importante, por eso merece la pena que pongamos un foco en la relevancia que tiene.

El Mar del Norte ha sido una de las principales fuentes de gas y petróleo en Europa durante décadas. Con la transición hacia energías renovables como la eólica, ¿cuál será el papel de esta zona en el futuro energético del continente?

Es cierto que el descubrimiento de hidrocarburos en los 60 o 70 del siglo pasado le dio al Mar del Norte mucha relevancia en términos energéticos y benefició a Reino Unido, Noruega -de ahí proviene todo el dinero con que cuenta su fondo soberano- y otros países de la zona. También es verdad que se está llevando a cabo una transición energética que tiende hacia modelos más sostenibles, y ahí encontramos muchísimas oportunidades, por ejemplo, si hablamos de energía eólica. Dinamarca y Países Bajos lo están sabiendo explotar. Otros países también han visto este potencial, incluido China que ha estado invirtiendo en proyectos de energía eólica marina en el Mar del Norte para hacerse también un hueco en esta nueva situación. La zona tiene un potencial enorme, sin contar con que, evidentemente, sigue siendo un nodo comercial muy importante: los puertos de Rotterdam o Amberes continúan teniendo una relevancia no ya para Europa, sino también a nivel mundial.

Mapa del Mar del Norte – © El Orden Mundial

 

Por su proximidad a Rusia y al mar Báltico el Mar del Norte es una zona clave para la OTAN, lo que hace que esté siendo cada vez más militarizada. ¿Podría considerarse esta área un nuevo punto caliente en la geopolítica mundial?

El Mar del Norte, desde la Guerra Fría, es la salida de Rusia una vez abandona el Báltico, es decir, se siente un poco aprisionada en términos navales. Si sus naves salen del Báltico, lo primero que se encuentran es el Mar del Norte. Por la parte más septentrional tiene la entrada del Mar del Norte y el Ártico que permitiría a la flota rusa salir de las zonas de Múrmansk y el ártico. Curiosamente, el Mar del Norte, me atrevería a decir y creo que no me equivoco, es el único mar donde todos los países ribereños son países de la OTAN, no de la Unión Europea, porque el Reino Unido y Noruega no están en la Unión Europea, pero sí en la OTAN. Rusia se encuentra con ese obstáculo en la salida por el Báltico, ahí es donde podría haber una mayor tensión (lo hemos visto con el Nord Stream), más que en el Mar del Norte que ahora mismo es un lago.

El deshielo del Ártico pone el foco en la ruta Marítima del Norte – que une el Atlántico con el Pacífico- controlada principalmente por Rusia, ¿qué implicaciones geopolíticas, económicas y comerciales puede tener esto?

Evidentemente el deshielo del Ártico y todas las facilidades comerciales que implicaría va a ser uno de los puntos calientes y más relevantes de las próximas décadas. El Mar del Norte permitiría conectar puertos como los que he mencionado, Rotterdam o Amberes, con la ruta del Norte hasta llegar, por ejemplo, a la zona de Asia. Ahora los barcos suelen venir -porque no hay otra opción- por el Índico: Mar Rojo, Canal de Suez, Mediterráneo, Gibraltar… Es una ruta peligrosa con mayores riesgos y además es muy larga. La ruta del norte acortaría distancias, costes y problemas, pero al estar controlada por Rusia, haría muy dependientes tanto a países como China como a los puertos finales de Países Bajos o Bélgica, por ejemplo, del acceso que Rusia podría tener a ese comercio. Pero sí es cierto que el Mar del Norte -si lo consideramos una extensión cercana o una especie de segundo anillo del Ártico- irá ganando importancia en la medida en la que el Ártico lo haga también.

¿Cómo podría la creciente relevancia que está adquiriendo el Mar del Norte impactar en las rutas comerciales tradicionales, especialmente las que atraviesan el Mediterráneo? ¿Qué importancia tendrá en el mundo que viene?

Aunque vemos el Mar del Norte muy alejado y constreñido a las dinámicas de los países nórdicos y la isla de Gran Bretaña, en realidad está conectado y siempre ha estado conectado con otras zonas. Ahí está como ejemplo histórico el camino español que conectaba la zona de Milán con los Países Bajos en la guerra de los 30 años, pero en la práctica conectaba el mundo mediterráneo con el Mar del Norte. Ahí está también la banana azul europea, que es la franja de máximo desarrollo que tiene Europa y que empieza en la zona de Londres y gira hacia Países Bajos, baja por toda la zona del Rin hasta llegar al norte de Italia. Este sería otro ejemplo de conexión norte-sur que hay en Europa.

A Europa siempre la tendemos a ver este-oeste. Pero también hay potenciales conexiones norte-sur entre Países Bajos, Alemania, Suiza e Italia y el Mediterráneo. Es cierto que el Mar del Norte, como hemos hablado, es una alternativa que puede tener la ruta mediterránea que viene desde Asia en un hipotético futuro con el deshielo. No pensemos que todo se limita a dar la vuelta por Gibraltar y el Atlántico, porque se pueden establecer bastantes alternativas. Y, dado que muchos de los países que bañan sus aguas pertenecen a la Unión Europea, hay una evidente conexión dentro del comercio intraeuropeo, entre la zona del Mediterráneo y la del Mar del Norte, que también podría extenderse al Báltico.

¿Qué balance haces del ciclo que nos ha llevado a explorar cinco de los mares más relevantes del mundo en términos geopolíticos?

El ciclo ha resultado muy interesante y ha permitido descubrir mares, que al final, son lugares que, primero, suelen estar fuera del debate público -y más en un país como España-, pero, sobre todo, que son elementos que siguen siendo relevantes, que tienen un impacto en la vida cotidiana y que nosotros podemos ver.

Hemos tenido charlas del Mar Rojo, el Caribe, el Mar Negro… lugares donde están pasando muchas cosas de las que normalmente no somos conscientes y que tienen un impacto tanto actual como histórico. Conocer eso, además de aportarnos una visión más amplia, nos da herramientas para poder conectar muchos elementos que, a priori, pueden parecernos -no sé si inconexos-, pero sí difíciles de relacionar a primera vista, aunque al final sí estén conectados.

No hemos hablado de mares estrictamente cerrados, de alguna manera todos están conectados entre sí o forman parte de un continuo marítimo que es la gran autopista comercial mundial y que al final también tiene su variable en la parte de los conflictos y en el tránsito de personas de manera regular. Hay un hilo conductor que les une a todos. Espero que, en este sentido, la experiencia haya sido enriquecedora para quienes hayan podido asistir al ciclo.